domingo, 13 de agosto de 2017

Ferrata de la Zapatilla, sobrevolando Candanchú

VÍAS FERRATAS
La Zapatilla (2225 m)
Sábado, 12 de agosto de 2017



            Tercer verano consecutivo haciendo esta ferrata de la Zapatilla, disfrutona. Sí, disfrutando haciéndola y viendo cómo lo disfrutan los amigos, que todo cuenta. Empieza a ser ya todo un clásico. En este caso, somos 8 los que nos juntamos para ello, en una jornada espectacular en lo meteorológico después de varios días no vamos a decir invernales, pero desde luego, más que estivales.

Preparados para la marcha

Progresando camino de la pedrera
            Una ferrata ésta en la que hay que asumir la aproximación, que no es muy larga, pero sí costosa. La salida se efectúa desde el aparcamiento de Pista Grande de Candanchú, y hay un ligero desnivel hasta llegar al abrevadero de la Rinconada, tras haber atravesado buena parte del circuito de esquí nórdico. Desde aquí, el ascenso es muy fuerte hasta el comienzo de la vía, ya que en poca distancia se superan más de 300 metros, primero por empinadas laderas herbosas, que dan paso al canchal originado en el cono de deyección del Tubo de la Zapatilla. El comienzo de la vía está como a 200 metros por debajo del collado, de modo que ya nos comemos más de la mitad de desnivel, pero como hemos venido a hacer la ferrata, pues eso. Vamos.

Pedazo de subida

Testigos de excepción
            Tras dejar la gota gorda por el canchal, llegamos definitivamente a ese comienzo de vía, con una no muy grande plataforma para ir poniéndonos los avíos del oficio. Una vez enganchados a la línea de vida, esa sirga que nos va a acompañar durante todo el recorrido, incluido el de descenso, nos ponemos a ello. El primer tramo es bastante vertical, pero la roca es buena y no ofrece ninguna dificultad para asirse a ella. En unos cuantos metros llegamos a una pequeña oquedad en la que unos simpáticos animalillos te dan la bienvenida. A partir de aquí sigue una travesía en diagonal, que culmina en otro tramo vertical, con roca más lisa, provista de pequeñas presas artificiales adheridas con químico. Impresiona lo aéreo y expuesto, pero realmente no pasa de IIº desde el inicio.

Preparando los avíos

Progresando por los primeros compases
            Al terminar este último tramo sí que hay que tener cuidado, porque hubiera quedado mejor haber alargado la sirga unos metros más para salir asegurado de estos primeros pasos hasta llegar a terreno más estable. De cualquier modo, se puede hacer sin mayor problema. El espacio que se nos abre es sorprendente, porque desde la base de la estación no se lo puede uno imaginar. Estamos en el costado de poniente de esta gran mole que es la Zapatilla, dando cara en primera vista a Loma Verde, y a grandes montes de los Valles Occidentales. Se impone una parada para echar bocado y trago, aprovechando para contemplar todo lo que la vista da de sí, que no es poco.

Ante todo, seguridad

Entrando en la chimenea -imagen de Rafa-
            De vuelta al tajo hay que abrirse a la derecha, por la zona de hierba, tratando de evitar al máximo la pedrera, hasta que ya es inevitable, y en un brusco giro a nuestra izquierda nos encaramos hacia la pared, con el siguiente objetivo a la vista, un gran orificio vertical a pie de roca, que nos va a engullir para proseguir ferrateando. Y es lo que hacemos, tras volvernos a unir a la sirga comenzamos a trepar por la chimenea, hasta que un par de grapas rojas nos ayudan para auparnos a un pequeño anfiteatro, provisto de dos anillas en la pared, que aprovechamos para ir asegurándonos conforme vamos llegando. La chimenea no pasa de IIIº, pero la mochila nos puede enredar un poco y hay que andar con cuidado.


Esperando agruparnos para continuar

De contemplación -imagen de Jose-
            Una vez aquí todos proseguimos la marcha dirigiéndonos hacia un gran orificio por el que asomarse es una sorpresa mayúscula. Salimos a la mismísima suela de la Zapatilla, y el escenario que se abre a nuestros pies es impresionante. Justo este lugar es uno en los que hay que poner mayor atención, ya que desde el mismo asome hasta la sirga hay que dar como un par de pasos que no admiten errores. Ya todos en la sirga, sólo resta ir subiendo. El primer tramo se realiza por una pequeña canal, que conforme subes va desapareciendo, quedándote a la total intemperie, pero siempre asegurado a la sirga. Le sigue una pequeña travesía diagonal hacia la izquierda, y luego otro pequeño tramo de subida, para llegar ya al término de la ferrata.

Terminando, en un entorno espectacular

Culminando por la loma herbosa
            Lo primero que te encuentras es una pequeña plataforma, en la que hay que extremar también la precaución, puesto que está abierta a tres aguas. Hacia el sur, sigue la loma, pasando por el punto a tomar para el descenso, pero como opción se puede seguir, como hacemos, para subir por marcado sendero entre la hierba y por roca los últimos metros, llegando hasta la brecha que media para llegar a la verdadera cumbre de la Zapatilla, de 2225 metros de altitud, pero que nos contentamos con pasar un rato al filo de esa brecha.

Extraordinaria panorámica -imagen de Jose-

No es para menos
            Cuando nos cansamos de revisar los montes, los horizontes y la vida que queda todavía por ellos, regresamos sobre nuestros pasos para comenzar el descenso, el vertiginoso descenso, que también está asegurado por sirga. En un cuarto de hora lo realizamos, son menos de 100 metros de desnivel hasta el collado de la Zapatilla, justo en el arranque del Tubo, que los esquiadores de nivel conocen bien. Aún hay quien se anima a auparse a la siguiente cota, como si a la conquista de la isla de Perejil se tratara.

Bajando hacia el collado

            Bajamos hasta el paso de Tortiellas y nos tiramos por la pista, buscando la base de la estación, en una extraordinaria mañana de monte, haciendo esta ferrata de la Zapatilla, variada, divertida, disfrutona, a la que le hemos metido como 7 km, que hemos recorrido en 4h 35’ de tiempo total, del que 2 horas han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de unos 740 metros, todo ello con muy buen tiempo y muy buena compañía. Para repetir, vamos.




El track, es el del año pasado, en: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13898321

martes, 8 de agosto de 2017

O l'Ibón y el mundo calizo de Berneras

AQUERAS MONTAÑAS
O l'Ibón (2475 m)
Ruabe de Bernera (2455 m)
Bozo de Bernera (2454 m)
Bernera (2432 m)
Sábado, 5 de agosto de 2017



          Lizara nos espera. Esos bonitos llanos a 1500 metros de altitud, con vestigios neolíticos, regados por la chorrota del hoy seco barranco de Audelca, un gran tajo entre dos enormes macizos que presiden la cabecera de este valle de Aragüés del Puerto, y que son el de Bisaurín, con su inseparable Fetás, y el de Bernera. Unos llanos en los que ramonea una pequeña cabaña vacuna, que no es ni la sombra de lo que fue, como lo atestigua la gran proliferación de cardos, fruto de la falta de pastoreo.

Vacas pastando en el llano de Lizara

Recién comenzada la ruta
            Siete hombres, dos mujeres y un solo destino, el hacernos con ese macizo de Bernera en pleno Parque Natural de los Valles Occidentales, en los confines del noroeste del Alto Aragón. Un macizo éste poco visitado, sin saber muy bien por qué, porque también tiene su enjundia. Rocoso, duro, áspero, calizo, con buenas crestas, y con unas excelentes vistas hacia los cuatro puntos cardinales, pero hacia el Valle de los Sarrios, especialmente. Y con esas sanas intenciones partimos del refugio de Lizara, recorriendo sus llanos y subiendo hasta el collado del Bozo, en un recorrido tradicionalmente señalado como el GR 11.1, una variante del GR 11, pero que desde el año pasado lo está también como ese GR 11 en su nuevo trazado, y que una vez admirada la cabecera del valle de Aísa, abandonamos para meternos por el barranco de Igüer, en un brusco giro hacia el norte.

En el collado del Bozo

Lirios, con el valle de Aísa de fondo
            Los lirios, que hasta aquí habíamos visto ya agostados, a partir de ahora gozan ya de su mayor altitud, lo que les confiere frescura y lozanía. Nadie en la montaña, al menos en la visual. Tras la empinada entrada a este recóndito valle, el camino nos da un respiro como de media hora, en el que lo recorremos tranquila y relajadamente. Tras superar una pequeña muralla, dotada de cadena, llegamos al desvío para ir subiendo ya a este macizo. Ante nosotros se nos abre un barranco bicolor: a las blancas calizas de Bernera se enfrenta el característico terreno royo del Olivón, que mejor nos gusta llamarle O l’Ibón, que creemos más genuino, nombre referido al ibón Biello, situado detrás de donde estamos, en el puerto de Bernera, cabecera del Valle de los Sarrios.

Ruabe de Bernera y O l'Ibón

Trepada cimera
            Pero ya llegaremos a verlo, que de momento tenemos que alcanzar el collado para ello. Los 335 metros de desnivel que hay hasta él los hacemos en 35 minutos, que no está nada mal. Tratamos de evitar el fondo de ese pedregoso barranco, y lo hacemos dejándolo a nuestra izquierda, por unas laderas herbosas, que pese a la gran inclinación pensamos más cómodas. Finalmente alcanzamos el collado, que nos ofrece una vertiginosa vista, ahora sí, sobre ese ibón, el Valle de los Sarrios, la Plana Mistresa, Bisaurín, Estanés, y las nieblas que ahogan el territorio galo. Se puede no llegar hasta el collado e iniciar el ascenso cimero siguiendo por la ladera herbosa, pero representa algo más de exposición, aunque por otra parte, si se acomete desde el collado te obliga a trepar por una serie de lajas de buena roca, no exentas también de exposición.

Bellísima panorámica sobre el Valle de los Sarrios y el ibón de Estanés

Últimos pasos para cumbre
            En poco se llega a la cima, que ofrece unas vistas más amplias que desde el collado. Este cordal se alza sobre el barranco de Igüer, al este, y el de los Sarrios al NW, justo encima del circo de O l’Ibón, que alberga a ese ibón Biello, que lucha por resistir la amenaza de la colmatación. Destrepamos hasta el collado, y cambiamos el piso royo por el blanco calizo para auparnos a este cordal norte del macizo de Bernera, que da apellido a otra serie de prominencias que vamos a ir recorriendo. La primera es la Ruabe de Bernera, que pasa apenas advertida para nosotros, absortos ya en el patio que se nos abre a derecha e izquierda, aunque más espectacular y próximo a la derecha, con esos más de trescientos metros en picado sobre el ibón Biello y sus preciosos alrededores.

Espectacular vista sobre el Bisaurín y toda su depresión norte, hasta el ibón Biello

Chimenea de bajada
            Mientras las nieblas van cociendo a fuego lento todo lo que ellas abarcan sobre el territorio galo, vamos progresando por el cresterío de esta impresionante muralla, porque la idea es esa, la de hacer la integral hasta el Bozo de Bernera, casi en el extremo noroccidental del macizo, pero algunos pasos un tanto delicados aconsejan no hacerlo, por lo que se impone descabalgar y volver a subir. Lo primero, tras un intento fallido, lo hacemos por una chimenea no vertical, tan sólo inclinada, fácil de bajar, a cuyos pies nos aguarda una corta faja, que descendemos con la ayuda de las manos.

El O l'Ibón nos hace pequeños. Impresionante

En el collado de Bernera
            Enseguida alcanzamos el collado de Bernera, punto clave que da juego para las diversas rutas de este macizo de dos fachadas, la sur que da a Lizara y Napazal, y la norte que enhiesta se yergue sobre ese circo de O l’Ibón. Entre ambas, un puerto en el que predomina el karst propio del mundo calizo. Vemos muy cercano el tercer objetivo del día, el Bozo de Bernera, por lo que dejamos las mochilas en el collado y en dos patadas lo alcanzamos, y no sólo eso, sino que lo dejamos atrás para llegarnos hasta el final del cordal. Lo volvemos a pasar de regreso, y descendemos hasta el collado. Con las mochilas ya subimos a culminar esa fachada norte, pasando por suave ladera herbosa, que se alterna con grandes lajas de erosionada caliza.

En el Bozo de Bernera

No es para menos
            Esta otra cima, nuestra cuarta identificada de hoy, está provista de un pequeño buzón de cumbre, y da ya vista a mediodía. Breve descanso, largas miradas al entorno, y tras debatir por dónde bajamos, lo hacemos hacia el lado de poniente, para caer al barranco de Audelca, y enfilar ya la llegada al refugio de Lizara. El camino pasaría por volver al collado de Bernera, pero la ladera nos permite ir acortando por la izquierda hasta asomarnos al punto de partida del verdadero descenso, siendo importante localizar ese primer hito para ir siguiéndolos. Lo encontramos sin ninguna dificultad y eso es lo que hacemos, seguirlos por ese mar de piedras, de foraos, de atormentado karst, que nos lleva a un canchal, por el que perdemos altura con rapidez.

En el Bernera

Bajando por el canchal
            Una plataforma herbosa nos recibe engalanada con gran profusión de lirios. Dejamos atrás la tiranía mineral para bajar ya hasta el mismo fondo del barranco, que con una ligera subida alcanzamos ya el camino, Senda de Camile, y convertido recientemente en GR 11, señalizado como Sendero Turístico de Aragón, que en poco más de media hora nos lleva al cruce con el GR 11.1 que viene, o va nunca se sabe, del collado del Foratón y que en otros cinco minutos más nos baja al refugio de Lizara, donde le damos un homenaje al cuerpo con una buena comida.


Lirios en el barranco de Igüer

Edelweiss
            “Poyaquestamos aquí, si eso podemos hacer…”. Llamamos “poyaques” a esas personas que una sana ambición les lleva al inconformismo, les lleva a no pararse en un monte si se pueden hacer varios, y el “peligro” que tienen es que nunca se sabe lo que piensan, nunca se sabe si en definitiva hacemos menos de lo que han pensado… o quizá más. Nuestro Josemari, el promotor de la salida de hoy, es uno de esos “poyaques”, que ha sabido conjugar las inmensas posibilidades de este gran macizo con el entusiasmo del personal, haciendo una preciosa circular por Bernera, que da apellido a varias prominencias que alberga, salvo a ese O l’Ibón, que supera en altura a todas ellas.


            En el “poyaque” de circular de hoy, han salido 12,4 km, que no son muchos, y que hemos recorrido en un tiempo total de 6h 50’, del que 4h 20’ han sido en movimiento, saliendo un desnivel cumulado de en torno a 1285 metros D+/-. Una mañana diez, en definitiva, gracias al tiempo que se ha sujetado, y especialmente a la buena compañía, aunque sean “poyaques”. Jjjj.






viernes, 28 de julio de 2017

Grand Billare Occidental y Oriental, le grand crête du coq Lescun

AQUERAS MONTAÑAS
Grand Billare Occidental (2318 m)
Grand Billare Oriental (2315 m)
Sábado, 22 de julio de 2017



            Las nieblas cubrían con un halo de misterio un tesoro preciado, un tesoro velado, un tesoro acariciado en el fondo de ese valle de Lescun. Y allí nos dirigíamos un buen puñado de amigos mayencos, a desvelar ese escenario con ayuda del astro rey, el ser más poderoso que existe debajo de la capa del cielo… al menos del explorado. Porque en él teníamos confianza al salir de ese túnel que horada el Summus Portus, y que cruzamos en dirección contraria a esos romanos que vinieron de las Galias. A ellas nos dirigimos, concretamente a ese valle que comparte confines con los antiguos reinos de Navarra y Aragón. Once mayencos, decimos, pero amigos por encima de todo, Julio, Javier, María, Carlos, Paco, Manuel, Otal, José, Gustavo, y el más veterano de todos, Carlos Peñarroya, partimos en busca de ese pequeño gran macizo de los Billares, que los caprichos geológicos le han sabido colocar en medio de este precioso circo de Lescun, para auparnos, si nos lo permite, a las dos cimas del Grand Billare. Vamos a lo más alto de esa cresta del gallo de Lescun. Vamos, pues.

Con los siete velos, así nos recibe la montaña

La magia continúa
            Llegamos a esta bonita localidad montañesa al filo de las ocho de la mañana, una mañana que se hace la remolona con la excusa de verse envuelta en esas nieblas de verano que traen consigo una jornada lluviosa que las precede, pero más persistente que ellas somos nosotros, y nos aventuramos a dirigirnos hacia nuestro objetivo, en la confianza de que nos sabremos sobreponer a ellas. La localidad tiene varias salidas hacia el valle, hacia el circo. Tomamos la dirección al Plateau Sanchèse, y como a 2,5 km se detiene la pista asfaltada para continuar de tierra. En ese punto dejamos los vehículos, para no profanar ese lugar mágico que da reposo al cuerpo y al espíritu bajo la cascada del barranco d’Anaye que también a sus pies se rinde.

Comienza la fiesta

A nuestro paso por el bosque
            Sí, es el único reposo que nos da el camino, desde que dejamos los rodantes hasta abandonar a la izquierda esa cascada tras haber cruzado la extraordinaria campa. Desde esta cota no vamos a tener ya respiro hasta poner bajo nuestros pies a este imponente macizo, que ya nos mira de reojo, que lo ha venido haciendo por entre las nieblas, y que ya lo han dejado definitivamente al descubierto. Le vamos a tener que dar la vuelta para cogerlo un poco desprevenido. Tomamos, pues, el evidente camino que va serpenteando entre la cascada y el Bidet. Un sendero, calzado en algún pequeño tramo, que nos introduce en el bosque de hayas, que se ha aliado con las lluvias de ayer y las nieblas de hoy para mostrarse contagiosamente disfrutón.

Pic d'Anie a la  izquierda, y la cresta rematada por el Countendé 

Progresando ladera arriba
            Como en media hora desde Sanchèse alcanzamos una valla para el ganado, y en diez minutos más una fuente, una providencial fuente, en la que repostamos para seguir nuestra ruta, que enseguida nos saca del bosque para ir mostrándonos en toda su amplitud ese valle d’Anaye, que todavía goza del uso tradicional de los montes, de ese ganado que lo pasta, y que ya anda encaramado por esas laderas próximas a las cabañas de los pastores. Todas estas bucólicas reflexiones nos van entreteniendo, pero la dura realidad nos arranca bruscamente de ellas, cuando llegamos al punto en el que se ha terminado la pendiente propia de subir valle arriba, porque ahora llega la de subir por la ladera. Si hasta ahora hemos subido para respirar… ahora toca respirar para subir.

Cuenca de Lhurs, rodeada de grandes montañas

            Sin más, tras el susto de tener que subir por un descomunal canchal, el sendero nos lleva a su vera, por unas lazadas herbosas que van suavizando el enorme desnivel, que no siempre lo consiguen. Como a hora y diez alcanzamos una plataforma, el único respiro en todo el recorrido, donde aprovechamos para echar trago y recomponernos, porque a partir de ahora aún se empina más. Veinte minutos más de subida y llegamos al collado, que a sus más de 2200 metros de altitud nos da ya vista sobre la bellísima cuenca de Lhurs, que conforma nuestro macizo de hoy, y montes como el Dec de Lhurs, el Pèneblanque o la Table de Trois Rois. Una cuenca provista de ibón y cabaña. También se asoma sobre el monte bajo domesticado con ese mosaico de verdes cultivos allá, en el fondo del valle.

Progresando por la cresta  (foto de Julio)

La brecha
            A partir de aquí la cosa se pone más seria. Tras un breve tramo de loma herbosa se vislumbra roquedo, un cresterío que hay que ir remontando para alcanzar las dos cimas del Grand Billare. Nuestro veteranísimo Carlos, que ha hecho un gran esfuerzo por llegar hasta aquí decide vernos disfrutar, y hacerlo él mismo del paisaje a dos aguas que nos brinda esta cota. Continuamos, pues, rumbo a nuestro objetivo por esta cresta, que vamos acariciando a uno y otro lado. En veinte minutos, el camino nos deja al pie de una pequeña brecha que nos obliga a volver a echar manos para superarla, pero la fiesta continúa. Otro tramo de cresta disfrutona y nos presentamos en esa primera cima, la Occidental, que pasamos de largo para llegarnos hasta la segunda, la Oriental, entre las que media un gran corte en la roca, que hay que bajar para luego subir y acercarse, ya sin mayores dificultades a esa segunda cima, dejando a nuestra derecha unos importantes foraos, con alguna mancha de nieve todavía.

Tránsito entre las dos cimas

Extraordinario entorno
            Mucho más importante y severo es el corte que hay hasta el Petit Billare, que ni vamos a pasar ni estaba en nuestros planes, de modo que damos por finalizado este duro ascenso, que lo ha sido porque la subida no da cuartelillo, pero henos aquí disfrutando del lugar y del momento con los amigos que han hecho posible esta magnífica jornada de montaña, que concluiremos con el consiguiente descenso por la misma ruta. Pero antes de que eso ocurra, lo que decimos, a disfrutar. Sí, a disfrutar de un extraordinario entorno, de un mundo mineral que se ha sabido abrir paso entre la depresión aquitana y la alta montaña pirenaica. Un mundo mineral, tirano, duro, calizo, que esconde en sus tripas toda el agua que recoge. Un mundo mineral que los despachos han repartido entre los antiguos reinos de Francia, Aragón y Navarra, aunque él no lo entienda. Un mundo mineral en el que se suceden enhiestos picos, enormes canchales, profundos valles, que el tiempo y los elementos han sabido modelar y alternar en este enorme y exigente escenario.

De vuelta, pasando a la cima Occidental

Seguimos cresteando en el descenso
            Alternancia en el espacio, sí, pero también en el tiempo. Tras vivir nuestro momento, llega el de volver, y de hacerlo con cuidado de nuevo hasta la otra cima, que con 2318 es algo más alta que ésta. Destrepe de brecha y enseguida al collado, donde ya todos juntos retomamos el descenso… aunque lo de todos juntos es por poco rato, porque hay quien se decide a romper la paz del canchal sacando como media hora de ventaja hasta el fondo del valle a los que desandamos justamente lo andado para subir.

El bosque nos aguarda

Cascada d'Anaye
            Reagrupados de nuevo, ya todos mu relajadicos y mu monos nos dejamos envolver de nuevo por el hayedo que todo lo calma, hasta llegar a ese Plateau Sanchèse, donde nos arrimamos a ver qué nos cuenta esa cascada, que ha salido de las tripas d’Anaye para recorrer las últimas decenas de metros haciendo las delicias del visitante. Y en poco más a los vehículos, tras haber recorrido 12,8 kilómetros, en 6h 50’ de tiempo total, del que 4h 35’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado cercano a los 1500 metros D+/-, concluyendo así una extraordinaria jornada mayenca, con el agradecimiento a todos los asistentes, como a los que por diversos motivos han manifestado su intención y no lo han podido hacer, pero especialmente a Julio, por descubrirnos otro de los magníficos rincones de nuestro maravilloso Pirineo. Gracias.