domingo, 22 de enero de 2017

Raquetas La Trapa, por el barranco de los Azús

RAQUETAS
La Trapa
Sábado, 21 de enero de 2017



            Personas deseosas de echarse al monte para disfrutar de él. Y un monte en perfectas condiciones, deseoso de agradar. Puede haber más ingredientes, que seguro que los hay, matices, no sé, pero estos dos son los fundamentales para meter en la coctelera de hoy. Tampoco es conveniente el agitar bien, mejor no, dejemos que poco a poco se vayan mezclando las características, los componentes de cada uno de ellos, que poco a poco se vayan machihembrando sus virtudes hasta conseguir un perfecto resultado. Sí, mejor ir empleándote en hacer de esa simbiosis algo vital, y es en ese proceso en el que van llegando ya los resultados, es en ese proceso en el que vas descubriendo, a medida que discurre la mañana, que estamos atrapados por el encanto de la montaña nevada.

Comenzando la ruta

Progresando por el bosque
            Esto es algo que cada día de monte hay que dejar que suceda, hay que procurar que suceda, es algo que a poco que te empeñes suele ocurrir, pero hoy ha sido especial. El mezclar las ganas de diez mayencos, y el nevado bosque de Villanúa ha dado como resultado un verdadero disfrute, que nos ha exigido esfuerzo, resistencia, pero que nos ha dado mucho más. El Camino Viejo de Collarada, el barranco de los Azús, la Trapa, vestido todo ello con sus mejores galas blancas, y en exclusiva para nosotros, es lo que nos ha ofrecido hoy esta ruta, tantas veces recorrida en cualquier otra estación, pero que sobre nieve y por el interior del bosque es capaz de sobrepasar esa delgada línea de las experiencias místicas.

En el dolmen de Letranz

Villanúa
            Los temporales de nieve de días pasados han dejado las montañas del alto Valle del Aragón pletóricas de alegría blanca, exultantes, rebosantes. Cada copo de nieve tenía inscrito en su rostro una invitación para venir a por él. Y hoy ha sido el día. Hoy ha sido la combinación perfecta, porque a las ganas de los participantes y a las de la montaña, se ha añadido en esa coctelera el buen tiempo meteorológico. Dejamos los vehículos junto a la residencia de Villanúa, y porteamos unos cientos de metros las raquetas, para colocarlas bajo los pies en el mirador pasado el puente del barranco. Desde allí, ya por la pista hasta tomar el sendero justo en la entrada a la estación de ferrocarril. Pronto vamos tomando altura, lo que nos permite ampliar nuestro campo visual sobre el fondo del valle y su cabecera.

El sendero se va empinando

El sol asoma por la Selva de Villanúa
            Obligada visita al dolmen de Letranz, que posa junto a nosotros con su mejor sonrisa, al propio tiempo que el sol va entrando por encima de la Selva de Villanúa. Un sol que promete, y que ya empieza a dar. Se cruza en varias ocasiones el trazado de la pista vieja, y finalmente se llega a la nueva, a la altura de la continuación de este Camino Viejo a Collarada que venimos siguiendo, pero no lo tomamos, porque a él saldremos, y es que justo aquí comenzamos la circular. Avanzamos unas decenas de metros pista arriba, hasta que en una curva a la derecha, la dejamos que siga a su aire, y nosotros tomamos el desvío sin perder la dirección que llevamos, para irnos metiendo en el barranco de los Azús, alternando considerables rampas con tramos más tendidos.

Salida a la pista, con un telón de fondo orgulloso de sí mismo

Huellas en la nieve
            Como en hora y cuarto salimos ya del bosque en un punto muy próximo al refugio de la Trapa, a unas explanadas de tasca de puerto que dormita bajo una considerable capa de nieve, posiblemente de más de un metro. Llegar hasta él sólo confiere una dosis más de disfrute, ya que el sol nos acompaña en el tránsito. Finalmente lo alcanzamos, y lo encontramos despistado, en sus cosas, quizá disfrutando también del entorno. Junto a él, esa pequeña balsa que hay que adivinar, y unos cercos de piedra para reunir el ganado, y que la nieve también oculta.

Sobre las olas que deja el viento la Punta Espata y Bacunes

Saliendo del bosque
            La Punta Espata, convertida en ralla, y sus inseparables Bacunes, se han descargado la nieve en las caras norte que nos muestran, y que la Collarada seguro que también contempla. Echamos un bocado y comenzamos el descenso por ese Camino Viejo que el bosque y la nieve ocultan. Una nieve que le aporta tramos de no muy fácil transitar, y que en una hora nos deja en la pista, que cruzamos para continuar por él y alcanzarla de nuevo a la altura de los prados de Moscasecho, justo donde hemos iniciado el bucle que ahora cerramos.

En el refugio de La Trapa
            A partir de aquí deshacemos lo andado en la subida hasta el inicio de la ruta. Primero por el sendero, y luego ya, los últimos cientos de metros, relajaditos por la pista, donde damos por terminada esta magnífica ruta con la que hemos estrenado la temporada de raquetas, y que nos ha dado para recorrer 11,5 km, en los que hemos empleado 5h 35’ de tiempo total, del que 3h 50’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 880 m D+.
  



El track, en: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16180757

jueves, 19 de enero de 2017

Pelarda, en la cabecera de la Huerva

IXOS MONS
Pelarda (1.512 m)
Sábado, 14 de enero de 2017


            Cuando se dice de algo o de alguien que es más viejo que el río, ya partimos de un dicho y no de una realidad, porque realmente los ríos son muy viejos. Éste que nos ocupa hoy, el Huerva ya era conocido por los celtíberos como Olca, y Bhat Warba por los musulmanes, topónimo que derivó en la Uerba, a partir del siglo XIV, llegando hasta nuestros días con su actual nombre, aunque los viejos del lugar gustan de su vertiente femenina. Un río que desemboca en el Ebro a la altura de la city, tras haber recorrido sus 128 km.

Corrales espaldados
            Pues desde la city, y el padre Ebro, nos vamos hasta bien cerca de los orígenes de uno de sus hijos por la derecha, ese Huerva, o esa Huerva. Sin duda, una buena excusa para echarnos al monte. Nos vamos pues hasta las tierras del Jiloca, esa amplia comarca turolense tan amiga de los fríos. 

Chopos cabeceros

Sierra de la Pelarda
            Y a sus fríos hemos acudido, pero en una mañana radiante, con un sol que bañaba los nevados campos de estas sierras. Partiendo de Calamocha, capital de la comarca, tomamos la A-1508, que nos pasa por Navarrete del Río, y poco antes de pasar el PK 10, sin dejar el TM de Calamocha, sale a nuestra izquierda la A-2513, que pasa por Cutanda y posteriormente por Olalla, en donde nos vamos maridando tímidamente con el barranco de la Riera, que va dejando a uno y otro lado grandes y hermosos ejemplares de chopo cabecero, célebre en esta comarca del Jiloca. Sobre el PK 9, ya estamos a 1.200 metros, y las manchas de nieve que venimos trayendo, y que van salpicando el paisaje, se van consolidando en un completo manto nevado, que tapiza los campos de cultivo, y que junto con la claridad del día dan un aspecto extraordinario.

Desvío para ir al Santuario de Nª Sª de la Pelarda

Comienzo de la ruta
            A un kilómetro más adelante encontramos la entrada al desvío para ir al Santuario de Nª Sª de Pelarda, que aunque se puede decir que está en esta misma sierra, no es a esta Pelarda a donde vamos, sino a su punto más alto. Para ello continuamos carretera adelante, dejando a ambos lados viejos corrales espaldados. Damos comienzo ya al puerto de Fonfría, a cuyo alto, a 1.470 metros llegamos, y a pocos metros de entrar en su término dejamos el vehículo. Desde aquí ya damos vista a la divisoria de aguas del Huerva y el Aguasvivas, dos ríos afluentes directos del Ebro, pero que nacen como enfadados, espalda con espalda, encarando distintos valles. Más abierto a nuestra vista es la cuenca del Huerva, cuyos primeros compases discurren entre la sierra de Oriche, entre Bea y Fonfría, y la de Pelarda, en la que estamos y tenemos que recorrer unos kilómetros.

Torre de vigilancia
Cruce. Seguimos al frente
            Lo único que no blanquea es el asfalto, el resto con nieve dura, lo que la endurecen los -4º de temperatura, que bien se soportan al sol. Estamos en el extremo sur del TM de Bea, y rodeados por dos de los 156 LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) que hay en Aragón, zonas de especial protección reconocidas por la Comisión Europea. Tomamos pues, con cuidado, la pista que va subiendo en dirección NW, con la parte alta de una torre de vigilancia ya a la vista. Vamos por la divisoria entre los términos de Bea y Calamocha. El atronador silencio de la montaña, únicamente es roto por el crujir de nuestros pasos, que poco a poco se van encaminando hacia esa torre entre pinos y pequeñas jaras. Seguimos adelante por la misma pista, que más parece un corta fuegos, y que a partir de aquí dibuja un leve descenso, hasta llegar a un cruce.

Llegando ya al vértice geodésico
            Tomamos la dirección de la derecha, que nos comienza a subir de nuevo, hasta alcanzar ya el vértice geodésico, que elevado sobre una zapata de cuatro o cinco metros orgulloso se yergue como punto más alto de esta sierra. A lo lejos se adivinan los Pirineos, con las sayas blancas que el invierno les ha traído. En lontananza también, aunque no tanto, el padre Moncayo, que luce igualmente sus mejores galas.

Moncayo nevado

Las jaras asoman al sol
            Media vuelta y a volver por donde hemos venido, sorteando alguna placa de hielo, pero la mayor parte del tiempo por nieve dura que cruje bajo nuestros pies. Las pequeñas matas de jara luchan por sobrevivir y asoman sobre la nieve. Llegamos al coche con la mañana “algo más templada”, ya sólo a -3º, pero sin viento, sin partículas que ensucian el ambiente, confiriendo una atmósfera limpia, característica de los frentes continentales, de origen siberiano, a diferencia de los atlánticos, de origen polar, tal y como venían explicando en una emisora de radio.

Olalla, localidad del municipio de Calamocha
            Ya de regreso, al dar vista al sur, se nos ofrecen como telón de fondo las sierras turolenses, con las máximas alturas de la provincia, por Gúdar y Javalambre. Y sin perder ya la vista de la carretera, Olalla, Cutanda y Navarrete del Río, para llegar finalmente al punto de partida de nuestra ruta, a Calamocha, habiendo dejado hecha una ruta que ha habido que ir a su encuentro, y que sólo nos ha entretenido 40’ de tiempo total, en el que hemos disfrutado del paisaje a uno y otro lado de esta sierra, a lo largo de 2,5 km, con un desnivel acumulado en torno a 100 m D+.


domingo, 15 de enero de 2017

Sierra Caballera, vuelta desde Bentué de Rasal

IXOS MONS
Sierra Caballera
Sábado, 14 de enero de 2017



            El frío paraliza, ralentiza, pero no sólo los fluidos, no sólo en el mundo físico, también en el mental, y sobre todo en el afectivo. Se dice que se enfrían las relaciones personales, de las civilizaciones, de las naciones… En el mundo natural, ya desde el otoño la vida se va replegando hacia el interior, hacia el seno del ser, como preparándose para con más ahínco pasar el invierno. Lo vemos en gran medida en el reino animal, menos en el vegetal, y no tanto en el mineral, que es más resistente. Pero este frío que nos llega, lo hace para recordarnos que formamos parte de este ciclo de la vida, en el que hay momentos de expansión y otros de contracción, momentos de extenderse y otros de replegarse. Pero en cualquier caso hay que mantener viva la llama del amor por las montañas, hay que mantener viva esa pasión que no cesa aun estando por debajo de los cero grados. El mundo de las montañas es inabarcable, si no se dejan unas, otras habrá. Y eso es lo que ha pensado este grupo, que ha buscado en el pre Pirineo lo que en peores condiciones le ofrece el Pirineo.

Listos para la marcha

Por el soto del río, hacia la entrada del barranco Cuna
            Y ahí estamos, con Javier, Toño, Carlos, Silvia, Sara, Blanca, Eva, Manuel y Pepe, dirigiéndonos a Bentué de Rasal, enclavado entre el paco de la sierra de Caballera y la solana de la de Javierre. Entre éstas y las más orientales de Bonés y Peiró-Gratal, se encuentra la divisoria de aguas entre el Isuela y el Flumen que marchan al Alcanadre, y el Garona, que vierte en el Gállego. Hoy hemos puesto el punto de mira en esa sierra de Caballera, que ampara por el norte a este pequeño y callado valle, y se solaza mirando a la tierra llana de la Hoya de Huesca. Y pudiéndolo hacer, no lo hemos hecho. No nos hemos aupado a ella, sino que la hemos rodeado como queriendo tejer una amplia bufanda para que sienta nuestra presencia.

Barranco Cuna

Collado los Pozos
            Bentué de Rasal, ocho y media de la mañana, dos bajo cero. Diez personas que salen más deprisa que despacio desde esa plaza donde la fuente de San Cristóbal ofrece sus mejores aguas. Nos incorporamos al GR 1 o Sendero Histórico, que cruza nuestro territorio aragonés, en forma de paralelo, atravesando territorios con alto contenido histórico, como apela su nombre. Concretamente, estaríamos en la etapa de Arguis a Bolea. Pues ahí vamos, en esa dirección. Las cumbres nevadas de los montes cercanos nos miran con asombro mientras cruzamos el cauce del Garona y nos vamos metiendo en el barranco Cuna, que vamos dejando ahí en ese lugar que se ha ido excavando durante siglos, milenios, mientras nosotros vamos tomando altura por un zigzagueante sendero que nos va acercando al vuelo de un puñado de buitres que se han lanzado en busca de las térmicas, creemos que sin encontrarlas todavía.

Recinto del pozo
Pozo de nieve
            El trazado se suaviza llegando a una amplia collada, collado Los Pozos, vemos en algún mapa, otrora puerto de finos pastos y bancales que el tiempo y el olvido van fagocitando. Sin salir del término, justo antes de llegar al de La Sotonera, cuya capitalidad ejerce Bolea, encontramos en un sombrío, como no puede ser de otra manera, un pozo de nieve en buen estado. Aquí confluimos con el Sendero Natural de la Hoya de Huesca, en un tramo que también une Bolea con Arguis, pero a partir de aquí lo hace por Sarramiana, sin pasar por Bentué. La visita al pozo y sus alrededores es breve, el frío no ofrece otra cosa.

Castillo de Loarre

Riscos que se asoman a la Hoya de Huesca
            Nos metemos al bosque, por una pista que poco a poco nos va dando vista a la soleada Hoya de Huesca, mientras que va abriendo hueco hacia el NW, dejando entrar un helador viento que invita a ir ligeros. Los claros del bosque nos van permitiendo ver los pueblos del llano, y la joya de la corona, ese castillo de Loarre, el románico mejor conservado de Europa, reconocido como BIC y Monumento Nacional en 1906, y a la espera está de engrosar la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO, y que tanto juego dio en la reconquista del territorio.

Un alto en el camino
Senderos emboscados
            Poco a poco nos vamos metiendo en los dominios del Sotón, por barrancos que le rinden, admirando unos riscos calizos que desafían la gravedad y el tiempo. Seguimos tejiendo esa bufanda por entre el bosque repoblado, hasta llegar a otro cruce, donde confluyen los PR-HU 108 (Loarre – La Paúl de Aniés) y PR-HU 109 (Aniés – Rasal), que comunican pueblos y partidas de la redolada. Avanzamos un poco y encontramos una balsa de agua que entendemos contra incendios, en cuyas proximidades nace el barranco Mentiroso, y no le preguntamos por qué; y a continuación una cabaña que bien puede servir de refugio en caso de apuro. Lo que sí nos apura es echar un bocado, que hacemos espaldados a ella, entre el sol y el frío viento.

Vistas del Gran Norte desde las proximidades de la collada Calvé
Rallas del barranco de la Foz de Rortiella
            Continuamos ya por otro tramo de esa pista, hasta que la burlamos por un sendero, que debió ser, y que ahora hay que ir adivinando. Todo ello hasta llegar, entre erizones, a la collada Calvé, donde nos encontramos de nuevo con ese PR-HU 109 que se dirige a Rasal. Aquí se nos abre una extraordinaria vista hacia el Gran Norte, ocupado, muy ocupado, en quitarse de encima ese marrón que lo tiene atenazado, y que para rato tiene. Seguimos por la divisoria, que si no la perdiéramos alcanzaríamos lo más alto de esta sierra Caballera, pero nos desviamos a la izquierda para tomar otro sendero, más vestido todavía que el anterior, y que en poco dejamos atrás el bosque para con vista ya al valle del Garona, ir bajando por un sendero, que nos va metiendo en el llamado barranco de la Foz de Rortiella, que nos ofrece impresionantes rallas al otro lado. Un sendero que se va convirtiendo en camino, y que por su trazado, se ve que ha sido muy utilizado antaño, entendemos que de trasiego entre Bentué y los pastos de altura.

Llegando a Bentué de Rasal
            Finalmente salimos a una pista, que nos conduce ya al mismo lecho del Garona y enseguida al pueblo, tras haber recorrido 20,6 km, en 6 horas de tiempo total, del que casi 5 han sido en movimiento, para salvar un desnivel cercano a los 1.000 metros acumulados D+. Un desnivel importante, pero que dada la distancia se ha podido salvar con comodidad, en una mañana en la que hemos podido apreciar desde la lejanía el verdadero protagonista de la atmósfera, ese frente que está poniendo al día al Pirineo.




El track, en: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16113330

miércoles, 11 de enero de 2017

Puig Ladrón, caminos de libertad

IXOS MONS
Puig Ladrón (699 m)
Martes, 10 de enero de 2017


            Un sabio del siglo XX decía que las ideas son seres vivos, que circulan por las autopistas del plano mental, y recomendaba que al recalar en nuestro intelecto, hemos de estar vigilantes para, antes de que entren, poder chequearlas y averiguar su naturaleza, y en consecuencia dejarlas penetrar o no, porque si son luminosas nos harán bien, pero de lo contrario pueden hacer estragos. ¡Ah!, las ideas. Las ideas son capaces de lo mejor y de lo peor. Por ellas el ser humano ha progresado, ha evolucionado, siendo el origen de grandes transformaciones en la humanidad. Pero también por ellas se pelea, por ellas se mata, por quererlas imponer a los demás se han cometido verdaderos holocaustos. Por eso se dice que el peor enemigo del hombre es el propio hombre.



Monumento a los caídos
            Desde que el hombre está sobre la faz de la Tierra no han cesado las guerras. Se podría decir sin miedo a equivocarse que en cualquier momento de la historia de la humanidad no ha dejado de haber una en alguna parte del planeta. En nuestro país, en nuestra patria chica, en nuestros montes más cercanos, aún se oyen los ecos de la que asoló alguna parte del territorio hace ocho décadas, enfrentando a pueblos, a familias, a vecinos, en una guerra fraticida que comenzó por no tolerar las ideas, y terminó imponiendo otras. Puig Ladrón es uno de los muchos montes de la Sierra de Alcubierre, que sabe mucho de esas idas y venidas de unos y otros. En su cumbre, a casi 700 metros de altitud, se erige una gran cruz posiblemente para exaltar unas de esas ideas tan polarizadas. Allí, en una gran explanada en la que cohabita un vértice geodésico, no faltan hoy en día las pintadas de uno y otro bando. Contra la imposición, la revelación. Contra la intolerancia, la inconformidad. Contra el atropello, la dignidad, la memoria, la libertad...

Camino hacia el bosque

Entrada al bosque
            En la primera jornada que se ha decidido el pertinaz anticiclón echarse a un lado y dejar entrar en el salón a otros bailadores, con esa libertad que preconizamos, nos hemos acercado hasta Robres para visitar una de las vértebras de la columna vertebral de la Sierra de Alcubierre. Y desde allí, pasando por la entrada al campo de fútbol y piscinas, seguimos la pista, que deja campos y granjas a uno y otro lado. Los primeros 3,5 km son comunes para la ida y la vuelta, por lo que al estar la pista en buenas condiciones, se pueden hacer motorizados, al fin y al cabo son 7 km sin demasiados alicientes.

Sendero por el pinar
Muérdago, la planta mágica
            Dejamos el vehículo justo en el comienzo del bucle, y comenzamos la ruta con la llamada Sierra Alta por delante de nosotros, ocultándonos nuestro objetivo de hoy, a pesar de ser lo más alto de la misma. Al cuarto de hora de echarnos a andar, abandonamos la pista para tomar un sugestivo sendero que sale a mano derecha, y que nos mete en el bosque. Es sorprendente el cambio de entorno, pasamos de la estepa monegrina al bosque mediterráneo. Sí, sorprendente. Por un definido sendero vamos dejando a uno y otro lado gran cantidad de troncos caídos. En un momento determinado se da un brusco giro a la derecha, acompañado de un fuerte descenso. Pronto salimos a cielo abierto, a una especie de pequeño collado, a los pies de El Castellazo, por donde pasaremos a la vuelta.

Llegando a las antenas
Repetidor de Telefónica
            A partir de aquí, y con el siguiente objetivo de las antenas a la vista, unas tímidas marcas verdiblancas de SL nos van subiendo hasta dar con el terminal de una pista, que recorremos unos metros hasta volvernos a meter ya a otro sendero, que empinado y decidido nos conduce a la gran plataforma que alberga esos repetidores de telecomunicaciones, a donde llega una pista, que siguiéndola nos dirigimos hacia la verdadera cumbre de esta pequeña sierra. Burlamos la pista por otro sendero, que entre el pinar nos conduce a otra explanada, en cuyo comienzo está el vértice geodésico, y en el extremo sur esa cruz que simboliza sólo una parte de los caídos… como si sólo hubiera una parte de caídos.

Monegros de Leciñena
Monumento a los caídos y vértice
            Estamos en la muga con Leciñena, y las vistas desde aquí sobre la estepa monegrina, salpicada de pequeños corros de pino y sabina, son auténticamente impactantes. El viento sigue a su aire. Volvemos sobre nuestros pasos hasta las antenas, para continuar con la circular por la loma de esta sierra a dos aguas. Los campos de cereal se afanan por subsistir entre el monte. Pasamos por una zona de trincheras, y seguimos por esa divisoria, hasta que la senda nos baja a una pista que bien se ve que emplean para el disfrute de BTTs, incluso de motos podemos decir.

Estratos que quedan al descubierto con la erosión
Paisaje monegrino
            Abandonamos la pista de nuevo y nos metemos por sendero. A nuestra derecha se va abriendo un barranco fruto de la enorme erosión de esos materiales blandos del terreno. Vamos coqueteando con él, hasta que finalmente nos gana la partida. Nos engulle, tenemos que bajar a su fondo y discurrir por él admirando los distintos estratos que dejan al descubierto los cortados. Subimos al otro margen, y volvemos a discurrir por un ancho camino, que va dejando agonizantes balsas de agua a uno y otro lado. Por entre bordes de los campos y algún tramo de bosque alcanzamos la ruta de ida en ese  pequeño collado a los pies del Castellazo, que dejamos a nuestra izquierda, a su aire, llegándonos hasta otra balsa más nutrida para ilustrarnos con la información de un panel, que nos da cuenta del Conjunto Arqueológico del Castellazo, considerado como uno de los más importantes poblados prehistóricos monegrinos, datado en la 1ª Edad del Hierro, allá por el siglo V a.C.

El Castellazo, y su panel informativo
            Un cuarto de hora más se nos va en deleitarnos con esos primeros compases de la Sierra de Guara, Gratal, el Salto de Roldán, Fragineto, Guara… mientras llegamos al coche, tras haber recorrido 10,6 km, en 2h 45’ de tiempo total, del que 2h 15’ han sido en movimiento, con 440 metros de desnivel acumulado D+. Desde Robres salen 17,2 km, y 515 de desnivel acumulado D+. De cualquier modo, una salida un tanto sorprendente, por lugares deseosos de ser descubiertos.