domingo, 12 de marzo de 2017

Candanchú, la nuit

RAQUETAS NOCTURNAS
Candanchú
Viernes, 10 de marzo de 2017



            Damos cuenta de una nueva salida del programa del CP Mayencos. Una salida habitual de todos los años, la nocturna con raquetas a la luz de la luna llena. Los últimos compases de la temporada se han visto transgredidos por una cuña de ambiente cálido del sur, que ha hecho que suban las temperaturas de forma anómala.


            Se han hecho un par de prospecciones previas por La Partacua y por Le Somport. El resultado ha sido que, en el primer lugar la falta de nieve es notoria, obligando al porteo durante varios cientos de metros. Y en el segundo, que presumía de ser ideal, en la vertiente sur, también había alguna falta, dejando al descubierto los brezos. Constatando que el barranco de Sapos tenía continuidad hasta el aparcamiento de Pista Grande, decidimos arrancar por la noche desde ahí.


            Y dicho y hecho. A las ocho de la noche nos juntamos una docena de mayencos en el club, partiendo seguidamente hacia Candanchú, que nos acoge con 5º C, en una noche totalmente despejada, con nuestro satélite alumbrando a todo trapo, pero sin impedir que también lo haga el resto de la bóveda celeste, adornado por un sinfín de estrellas y constelaciones, y que a nuestro regreso, nos sorprendía con un grado más.


            Salimos, pues, de puente Sapos, para meternos por el barranco y salir a esas explanadas fronterizas. Tras constatar de la merma de nieve desde ayer, no queda otra más que resignarse y atravesar alguna zona de brezos, que con la falta de piedras no obliga a quitarse las raquetas. Llegamos a las mesas del circuito azul de Le Somport, donde hacemos un alto para dejarnos empapar de la magia de la noche. Bajamos por el monte hasta el extremo del Tele Roca, acercándonos cómodamente hasta la Rinconada, desde donde volvemos al punto de arranque tras haber recorrido una distancia de 4,3 km con un tiempo total 2h 15’, del que 1h 15’ han sido en movimiento, y con un desnivel acumulado algo superior a los 200m D+ y D-.


            Una salida distinta, con la compañía de siempre. Ambas, para repetir.


Las imágenes nocturnas son de David Muñoz.

lunes, 6 de marzo de 2017

Mondinero, el puntal sur de La Ronera

IXOS MONS
Mondinero (1.467 m)
Domingo, 5 de marzo de 2017


            Sanguine empta, sanguine tuebor (Adquirida por la sangre, protegida por la sangre). Es el lema del ducado de Villahermosa, cuyo titular hoy en día es Álvaro de Urzáiz y Azlor de Aragón (1937), que además de ser el XIX duque de Villahermosa, ostenta los títulos de XII conde de Guara, XII marqués de Cábrega, XVIII marqués de Cortes, XVI conde de Luna, XIII conde del Puerto, XII conde de Xavier, XX vizconde de Muruzábal de Andión y XXI vizconde de Zolina. Desde junio de 2006 es también el X marqués de Narros, con Grandeza de España, tras la muerte en el 2005 de su tía Isabel Azlor de Aragón Guillamas, IX marquesa de Narros, según informa la red de redes. ¿Os imagináis todo esto en una tarjeta de visita? ¿Y todas sus propiedades en un catálogo inmobiliario? Desde luego, más de lo que nos podemos imaginar, sí. Bueno, pues es lo que hay. Pues una de esas propiedades está en los montes de Guara, concretamente en el Santuario de San Cosme y San Damián, y varios miles de hectáreas alrededor, junto a Vadiello, a donde nos hemos dirigido hoy, pasando a la vuelta por ese centro de santidad en sus días, con pretensión de verlo y que fue frustrada por alguien que estaba en la propiedad y que nos lo impidió. Se puede mercadear con los bienes materiales, pero me pregunto si también con la historia, si también con la conciencia, con la memoria colectiva, con los sentimientos… pues parece que también. Nos viene a la memoria aquél eslogan publicitario de los años oscuros, en el ámbito de la prevención de incendios forestales, ¿recordáis?, decía: “Cuando un monte se quema, algo suyo se quema”, a lo que el gran humorista, arriesgado, humorista gráfico Perich añadía: “…señor Conde”.

Duras rampas en los primeros compases


Apacible Vadiello
            Bueno, pues henos aquí, de nuevo en la montaña, en la montaña baja, porque la alta está intratable. De nuevo por Guara, nuestro refugio de invierno, a cuyas cotas cimeras hoy también ha llegado algún zarpazo de ese indómito norte, que con una ligera y no muy molesta llovizna, ha dejado el protagonismo al fuerte viento que con fiero susurro nos decía que no nos acercáramos a las cornisas, que hoy sólo él podía circular por ellas. A pesar de todo, dejamos Jaca nevada, y nevando, en la confianza de que no llegue hasta aquí el marrón, y que mejor verlo a que nos lo cuenten. Hoy, con Toño, Carlos y Antonio.

Ermita de la Cruz Cubierta, a modo de esconjuradero

Burón y Santuario de San Cosme y San Damián
            El río Guatizalema, de joven, hace un requiebro para eludir la Sierra de Guara, y colarse hacia el sur, amansando sus aguas en el embalse de Vadiello, al que llegamos, encontrándonos una mañana con más temple que el que le hemos dejado por el norte, y con dudas sobre su tendencia en las próximas horas. Nosotros nos enfrentamos a esas dudas, de momento con el chubasquero puesto. El monte está claro, despejado, con un ambiente limpio, muy limpio. Dejamos la presa atrás y tomamos la pista, cerrada para el tránsito de rodantes, para dirigirnos hacia el este, con perspectiva sobre el embalse. No ha pasado media hora y llegamos a la altura de esa Cruz Cubierta, un esconjuradero como marcando los límites del territorio labrado en su momento para la santidad. Aquí abrimos una circular, y aquí la cerraremos.

Camino entre carrascas

Progresando por cómodo camino
            Seguimos en dirección a la Tejería, desde donde se puede acometer también esta ascensión con más corta distancia, pero teniéndose que desviar si se quiere visitar este bucle de eremitorios y santuarios. Seguimos, decimos, y en una bifurcación de la pista, tomamos la de la izquierda, para dar al poco con  la que viene de la Tejería, que en un giro brusco hacia el norte enfilamos ya dirección a nuestro monte. Un monte que hasta ahora no se ha dejado ver mucho, su cabeza estaba asfixiada entre las brumas reinantes. Veinte minutos hasta el desvío, al que llegaremos de vuelta, comenzando así un tramo lineal hasta la cumbre.

Comienzo del sendero

Comienza el pedregal
            En otros diez minutos llegamos al llamado Alto de la Carrasca, un desvío del camino. Son los últimos diez minutos sin jadeos, sin apenas desnivel, que nos dan para admirar esos grandes paredones que cuelgan de los Planos de San Cosme y los de la Predicadera. Entre ambos, un pequeño circo que se va haciendo más grande conforme nos vamos acercando. Es como una olla tumbada que hubiera diseminado todo su contenido en forma de duro canchal, únicamente disimulado por la alternancia de alguna carrasca que bien vendrá en las ascensiones estivales. Pero no todo de la olla se ha desparramado, que visible queda un enorme garbanzo, cuya dureza ha impedido su disolución.

Carlos con el buco

Sin cuartel
            En el arranque del sendero, da comienzo el camino del Plano, y es donde comienza realmente la ascensión, una ascensión sin tregua, que hay que tomarse como tal, y que hace sudar, a pesar de haber salido con 3º C del coche. Un hallazgo nos retiene a la vuelta de este enorme pedrusco venido de no se sabe dónde. Son los restos de un viejo buco, y del que simbólicamente quedan sus partes más notables, la cabeza, con su gran cornamenta, una pata y la columna vertebral. Es decir, su inteligencia, su tracción y lo que une a ambas. Toda una lección de ese Gran Libro de la Naturaleza Viviente, que está ahí, con sus tapas bien abiertas. Por el suelo andaba todo ello, tras ponerlo en un sitio digno proseguimos la marcha. Una marcha sobre piedras y más piedras, metiéndonos ya de lleno en el ascenso de esa olla tumbada, hasta el asome a uno de sus bordes, esa arista que limita al norte, cuyo punto álgido es la cima de este monte, al que llaman Mondinero o Montidinera.

Vamos tomando perspectiva

Barranco de los Valles
            Casi una hora todavía hasta alcanzar el punto más alto de este monte. Tras salir de la zona salpicada de carrascas, los bojes entran en escena, y el erizón, sobre todo el erizón, que va invadiendo todo este terreno de monte bajo. Alguna mancha de nieve cruzamos para alcanzar la cima, que nos recibe muy malhumorada, totalmente inhóspita, con un viento infernal del que nos tenemos que cuidar para no salir volando. Estamos en el extremo sur de la pequeña sierra de La Ronera, que albergando en su punto central al Fragineto (1749 m) y en el norte la Punta del Corcurezo (1666 m), vierte aguas al Guatizalema  y al barranco de Los Valles, que da origen al río Calcón.

Zona de La Gabardiella

Collado del Fragineto
            El Gran Norte nos es vetado visualmente, pero aún alcanzamos a adivinar los montes cercanos. A uno y otro lado del Fragineto, cuyo collado tenemos a nuestros pies, vemos la sierra de la Gabardiella a su izquierda, y la de Guara a su derecha. Por el sur el tiempo arriesga menos por esa Hoya de Huesca. Y poco más, con las mismas emprendemos la huida dándole la espalda a esta cima que tan mal nos ha acogido, pero no le guardamos rencor. Si la subida desde el garbanzo nos ha costado casi una hora, el descenso lo hacemos en poco más de media.


Rápido descenso
Ermita de la Virgen de Fabana
            Y del garbanzo a la salida de la senda en el camino, que recorremos hasta el cruce, donde cerramos la lineal para comenzar el bucle, dirigiéndonos hacia la zona de las ermitas. La primera en cruzarse en nuestro camino es la de la Virgen de Fabana, luego San Gregorio, y un poco más adelante la de la Fuensanta, donde nos detenemos a echar un bocado, que hasta ahora no nos ha dejado el tiempo. Se trata de un lugar mágico, donde el agua brota a borbotones, dando inicio a un barranco que seguro va a engrosar con sus aguas el embalse de Vadiello.  

Ermita de la Fuensanta

Fuentsanta
            Seguimos camino, y un par de ermitas más, la de San Úrbez  y la de San Miguel, de la que quedan sólo un par de paredes, vamos dejando a un lado hasta llegar al santuario de San Cosme y San Damián. Estos dos mártires de la antigua cristiandad se dice que eran gemelos, y que ejercían de forma eficiente el noble oficio de la medicina, no cobrando por ello. Fueron torturados, quemados vivos y finalmente decapitados por orden de Diocleciano hacia el año 300 d.C. Árabes de nacimiento y sirios de formación, entre los pliegues que la leyenda dibuja en la intrahistoria, encontramos que sus reliquias fueron traídas desde Francia. Todo esto y mucho más es lo que hemos querido encontrarnos en el interior de este complejo monacal, pero como dicho anteriormente, se nos negó.

Bajo la peña de San Cosme, su eremitorio
Conglomerados y calizas en perfecta armonía
            Y sin más, nos metemos por el barranco hasta encontrar su cauce y subir hasta esa otra ermita de la Cruz Cubierta, junto a la pista, cerrando este bucle. Desde aquí ya, y con la impactante vista de los mallos de Ligüerri y la Mitra, con el Burón detrás, nos vamos acercando al embalse, y con ello a la presa y al vehículo, habiendo transitado durante 12,9 km, en 4h 45’ de tiempo total, del que 3h 35’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 1130 m D+ y D-, en una mañana que se ha puesto algo tiesa en las alturas, pero que nos ha hecho pasar buenos momentos de monte.





Track:  https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16673955

domingo, 26 de febrero de 2017

Puchilibro, el techo de la Sierra de Loarre

IXOS MONS
Puchilibro (1.597 m)
Sábado, 25 de febrero de 2017


            A poco más de mil metros de altitud, y dominando la Hoya de Huesca, rompes el horizonte con tu silueta. Hoy imprescindible, pareciera que siempre hubieras estado ahí… quizá sí, quizá el espacio que ocupas estuviera reservado para tu presencia, quizá el tiempo de tu factura se diluya en la historia, como el agua entre los dedos, porque ahora sí, ahora te muestras orgulloso de ser como eres, el conjunto fortificado románico más importante y mejor conservado del mundo, pero siempre no has sido así, ¿verdad? Es mucho lo que muestras, pero es más lo que callas. Nos conformaremos con tu presencia, que evoca tiempos de conquistas y reconquistas, de sangre, sudor y lágrimas, de poder, de arte, de cultura, de tiempos en los que la vida tenía otra dimensión, otros ritmos, otra mística, que en definitiva era lo que movía el mundo.



Entre senderos y pistas
            Con algo de esa mística, iniciamos la ruta de hoy en el aparcamiento del castillo de Loarre para dirigirnos al Puchilibro, verdadero techo de la sierra. Después de haber visto el -7º por los pacos del Asabón, llegamos aquí con el mismo valor, pero sin el signo. Bien templaus, partimos con Toño, Carlos y Josemari, para comenzar el ascenso por el pinar de repoblación, donde enseguida nos encontramos con los indicadores del PR HU-105, donde comienza la circular. En poco menos de media hora salimos a una pista, que abandonamos a los pocos pasos, para ir subiendo y subiendo, dejando el arbolado atrás, por un sendero que en diez minutos comienza a sortear un cresterío por entre los pasos que le deja el roquedo.

Progresando por el bosque

Por la cresta
            La cresta es ancha, sin apenas riesgo, no obstante hay que andar atento porque la tentadora mirada sobre lo que nos rodea, siempre está al acecho en el cuarto de hora que dura su recorrido. Es tan amplia como profunda. El Moncayo y los picos de Urbión son protagonistas a poniente. Otro cuarto de hora más y se llega al cruce por el que hemos de desviarnos a la vuelta para no repetir itinerario, pero aún nos quedan otros quince minutos más, por lo que repetiremos, hasta llegar a la cumbre. Una cumbre muy agradecida, porque su situación es privilegiada, representando una extraordinaria atalaya sobre estas sierras en primer plano, sobre la espectacular Hoya de Huesca en el solano, y sobre el Gran Norte, precedido por otras sierras exteriores, como las de San Juan de la Peña u Oroel. El día está claro, hay ligero norte, lo que favorece la definición del horizonte, o de los horizontes, podríamos decir.

Ayerbe en su ribera. Al fondo, el Moncayo

Plan de Lugas, con su refugio y el Puchilibro
            Media hora de solaz y regocijo alimentándonos no tanto de las ligeras viandas como del repaso, casi exhaustivo, de los nevados montes pirenaicos, que se muestran en formación siempre que son requeridos para pasar lista. Siempre hay alguno que se esconde detrás de otro, pero confiamos en que estará en su sitio. Triste, como todas las despedidas, pero con la ilusión de volver. De esa guisa comenzamos el descenso. Y lo hacemos por el sendero que hemos subido, hasta llegar al cruce, que tomamos a nuestra derecha, siguiendo el mismo PR HU-105 dirección a los repetidores, a los que no llegamos, bajando directamente, tras cruzar dos veces la pista, hasta el Plan de Lugas, un gran altiplano otrora cultivado, en el que nos encontramos algún todoterreno con remolques de perros, y sí, son lo que parecen. Nos extrañamos, porque no hemos visto ningún anuncio de batida. Nos llegamos hasta el final, justo a dar vista sobre la zona del castillo, donde hay una plataforma de despegue de artilugios de vuelo autónomo.

Extraordinaria panorámica desde el mirador
Castillo de Loarre y su población, dominando la Hoya de Huesca

Cruce donde comienza y termina la circular
            Volvemos sobre nuestros pasos, y a la altura del refugio da continuidad el sendero, que se mete de nuevo por el pinar, para al cabo de poco tiempo llegar al cruce donde comenzábamos la circular, y ya por terreno común y en otros cinco minutos dar por terminada la ruta poco pasado el mediodía y a 16º. Es lo que tiene este tiempo. Una ruta mañanera de 7 km, a la que le hemos metido 3 horas de tiempo total, del que 2 han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado en torno a los 590 metros D+ y D-. Muy recomendable, siempre y cuando no nos encontremos con lo que nos encontramos al terminarla, de lo que damos cuenta aparte para no emborronar lo que ha sido una agradable mañana de monte.




INDIGNACIÓN, RABIA E IMPOTENCIA
Cartel que a las 9h 25' no estaba
            De nuevo. Sí, porque no es la primera vez que nos ocurre. Esta vez en la sierra de Loarre, junto a su castillo. De nuevo nos encontramos con la misma situación, y es la de que cuando te dispones a pasar una apacible mañana de monte, entras en un camino, a las 9h 25', repetimos, a las 9h 25', en el que no hay ninguna advertencia de batida de caza. En pleno descenso ves con extrañeza varios vehículos con sus remolques de transporte de animales vivos. Y a la llegada al aparcamiento, a las 12h 15', donde se ha iniciado la ruta, te encuentras el aviso de la batida, que indica que ha comenzado a las 8 de la mañana, repetimos, a las 8 de la mañana. ¿A qué hora han puesto el cartel? ¿Dónde estaba la autoridad competente? ¿Qué defensa tenemos los desarmados si hubiera un “accidente”?
No estamos en contra de la caza ni de los cazadores... bueno, con matices. De lo que sí estamos en contra es de estas prácticas caciquiles, con un alto índice de desprecio hacia el resto de usuarios de los montes y caminos públicos, que desprestigian al colectivo con un cada vez más rechazo social. Cada uno tenemos nuestras razones para ir al monte, pero cuidado, porque hay quienes las llevan colgadas al hombro. La sombra del castillo es demasiado larga para algunos, que se pasean por los aledaños con aires feudales. Recuerda mucho las palabras de aquél dirigente franquista que decía que la calle era suya. Lo mejor, que este finde es el último de caza mayor.



viernes, 24 de febrero de 2017

Morrón de Viñas, de Tolocha y Ginebrosa, tres puntales del Bajo Aragón

IXOS MONS
Morrón de Viñas (1.038 m)
Morrón de Tolocha (790 m)
Ginebrosa (890 m)
Domingo, 19 de febrero de 2017



            Seguimos por el Bajo Aragón, en este caso por el reducido territorio en el que se ha quedado tras la división comarcal. Más concretamente por la zona de Berge para el primero, con Javier, Miguel, Luis, Alberto y Víctor; Foz Calanda para el segundo, con Javier y Alberto; y Calanda para el tercero, con Miguel. Tierras de tesoros escondidos, donde el rugir es el protagonista, rugen los motores de Alcañiz, rugen los tambores de La Ruta del Tambor y del Bombo, en silencio rugen también las grandes extensiones de cereal, olivar y almendro, de monte bajo, con aromáticas plantas, para que nadie las olvide. Con mucha historia cargada a sus costillas, desde las pinturas de arte rupestre, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hasta nuestros días, pasando por conquistas y reconquistas, cuyos señores dejaron palacetes, lonjas, que pueblan plazas y calles de localidades llenas de encanto, cuyos habitantes han sabido a través de los siglos sacarle el provecho al bien más preciado, al agua.

 
Torre Piquer


Comenzamos la ruta
            Morrón de Viñas. Salimos de Berge por el camino de Seno (PR TE-53), cruzando el Guadalopillo en los primeros compases. Justo donde dejamos a nuestra derecha el desvío para subir a la ermita de la Virgen de la Peña, patrona del pueblo, cruzamos el barranco del mismo nombre, por el que seguimos, hasta el kilómetro 3,8 aprox., donde dejamos los rodantes y nos echamos a andar, ya en el denominado camino a Santolea. Y lo hacemos por pista de tierra, con nuestro objetivo a la vista, por entre campos de cereal. Los acompañantes de hoy son Javier, Miguel, Luis, Alberto y Víctor.

Carrascas subiendo al Morrón

            Enseguida se nos pone a tiro visual la medieval Torre Piquer, dominando el barranco de Valdecastillo. Una torre que presume de vigilar el paso entre Alcorisa y Berge con Seno y Castellote, y que ve cómo la declaración de Bien de Interés Cultural de 2006 no consigue sacarla de su lamentable estado. Esto ya lo vemos en los escritos, a ver si nos lo cuenta a la vuelta, que será objeto de nuestra visita. A los veinte minutos, al poco de desviarnos a la izquierda para tomar el camino de Molinos, sin señalización alguna, Luis nos mete monte a través por esos sitios que sólo él sabe, para en media hora de transitar por ese monte bajo de romeros, enebros y sabinas, con alguna sorprendente carrasca, llegar hasta una de las alturas de la Sierra de Caballos, al Morrón de Viñas, desde donde se contemplan buenas panorámicas sobre la redolada, y por donde los participantes de la Maestrail disfrutan y sufren a partes iguales. También vemos restos de trincheras de la última contienda que nos asoló.

Restos de las trincheras

Chopera del barranco Del Redondo
            Decidimos bajar por donde lo hace el trail, encontrándonos un ancho sendero limpio a tal efecto. En veinte minutos alcanzamos la pista, y en otros tantos cruzamos el barranco Del Redondo, tras de lo cual nos metemos por un sendero a mano izquierda, dibujando un importante giro hacia el norte. Ese sendero va colgado por unos riscos sobre el citado barranco y su chopera, sacándonos de nuevo a la pista, por la que alcanzamos el mas Ruiz, que aún conserva su conjunto de casas y cuadras, era y algún apero viejo. Todo ello sobre un arroyo generado por una fuente, que cruzamos para llegar al famoso latonero, que aprovechamos para contemplarlo de cerca echando un bocado, y que bien se merece ser incluido en esa lista de Árboles y Arboledas Singulares de Aragón

Latonero del mas de Ruiz
Mas Ruiz
            Seguimos por un sendero próximo al canto de una serie de campos aterrazados, que subimos, hasta llegar a un amplio collado, donde nos encontramos su simetría en descenso, con la Torre Piquer ya a la vista, a la que llegamos en dos patadas. Se trata de una torre medieval, citada anteriormente, y que nos ve desfilar ya hasta los cercanos vehículos, a los que llegamos tras recorrer 9,8 km, en 3h 5’ de tiempo total, del que 2h 30’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 565 D+ y D-.




Panel informativo del PR TE-16 (STA)
            Morrón de Tolocha. Nos desplazamos más al este para nuestro siguiente objetivo, el Monte Tolocha, a cuyo Morrón queremos asomarnos. Para ello nos llegamos hasta Foz de Calanda, a cuya entrada encontramos ya el mural que nos da noticia del PR TE-16, recientemente elevado a la categoría de Sendero Turístico de Aragón. Hay una ruta que lo sube directamente, pero creemos más interesante hacer la circular completa, que se traza en forma de ocho tumbado, haciendo el primer círculo en dirección horaria, y a la contra el segundo. Y lo hacemos con Javier y Alberto, que para eso estamos en su pueblo.

Hacia el Monte Tolocha
Sendero por el pinar
            Salimos del pueblo por el llamado camino de Tolocha, y apuramos aún unos cientos de metros con el vehículo, justo hasta donde comienza la circular. Tomamos, pues, el ramal de la izquierda, para volver por el de la derecha. Unas nubes bajas nos han ganado la partida, y han llegado al Morrón antes que nosotros, pero partimos con la confianza de que se hayan alejado antes de nuestra llegada. Tras circular por pista junto a campos de cereal y olivos, nos vamos metiendo en el pinar, al tiempo que se va empinando el sendero. Al cabo de media hora ya hemos llegado al primer cruce, y tras unas decenas de metros de tramo común con el retorno, el segundo.

Primer hito a subir.

Pantano de Calanda
            Comenzamos este segundo bucle por la derecha, para alcanzar el collado que nos da vista sobre la vertiente sur, donde destacan esas grandes extensiones de minas de carbón a cielo abierto, unas en activo, y otras ya explotadas y regenerado, o en proceso, el terreno. Seguimos por nuestro sendero en dirección este, para alcanzar una primera cota de unos 750 metros, a través de una corta y divertida subida por entre el roquedo, y a continuación sólo nos queda acercarnos hasta el Morrón, que con sus 790 metros es el punto más alto de este Monte Tolocha, que domina el retorcido embalse de Calanda, que regula las aguas del río Guadalope, y que con una capacidad de 54 hm3, está a poco más de la mitad de su capacidad. Su caudal se emplea para los riegos de una amplia zona del Bajo Aragón, y también para abastecer la Central Térmica de Andorra, a través de unos centros de bombeo.

Señales de PR por el roquedo
Maroma y lajas para asegurar el paso
            Junto al vértice geodésico encontramos una bandera de España, como si hubiera alguna duda. También un pequeño lecho de pajas bajo una sabina, con pinta de servir de alojamiento a algún belén. Seguimos las marcas blancas y amarillas, y pronto nos encontramos un corto, pero vertiginoso, tramo, en el que hay unas lajas de piedra a modo de escalera, todavía sin terminar de asentar, y una maroma por si hay que echar mano de ella, que no es el caso. Unos entretenidos zigzag por el bosque nos llevan hasta la pista, por la que ya volvemos, desviándonos unas decenas de metros para visitar la ermita de Nª Sª de las Nieves, de reciente fábrica (1979), ya que la anterior reza con escafandra bajo las aguas del pantano.

Ermita de Nª Sª de las Nieves
A la vuelta, nos metemos de nuevo en el pinar
            Salimos de nuevo a la pista, que llegamos a abandonar, en brusco giro a la izquierda, para por el canto de unas oliveras, meternos de nuevo al pinar por un sendero que zigzaguea y que va en busca de esos dos cruces al terminar este segundo bucle. Ahora sólo nos queda concluir el primero, por el que iniciamos la ruta. A través de la Cantera del Pinar, llegamos a un amplio cortafuegos, por cuyo sendero bajamos hasta dar con una reciente pista, más todavía que el señalizado sendero, por lo que en un corto tramo se pierde esa señalización. Unas decenas de metros a la derecha y tomamos a la izquierda el viejo sendero, que ya en poco nos lleva hasta el coche, no sin antes contemplar el espectáculo de cuatro grandes machos de cabra montesa en los primeros campos que nos encontramos, en los que ya verdea el cereal.

Foz Calanda
            Nos han salido 12,2 km, con 3h 20’ de tiempo total, del que 2h 50’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 700 m D+ y D-, por este PR TE-16 que ha engrosado la lista de los Senderos Turísticos de Aragón.






Fuente del Moré
            Ginebrosa. Cinco de la tarde de largo, nos dará tiempo de rematar la faena con otro? Lo intentamos con Miguel, saliendo de Calanda, su pueblo, con la idea de que nos va a costar como una hora entre la aproximación en vehículo y la llegada final a esta nueva cumbre, repartida entre La Ginebrosa y Torrevelilla, y vuelta, naturalmente. Salimos por la A-226 dirección a Mas de las Matas, para tomar la A-2406 justo antes de cruzar el canal de Calanda y el río Guadalopillo a continuación. A los seiscientos metros, la dejamos para meternos por el camino del Desierto, que al pronto seguimos por su ramal derecho. En un laberinto de pistas, sobre el mapa vemos que dejamos a la izquierda el llamado Rincón Caliente, para alcanzar el camino Gramenales Altos, y a la altura del barranco de la Zahoyera, en un rincón encontramos la fuente del Moré, que visitamos.

Convento del Desierto de Calanda

Fachada principal del monasterio
            Tenemos ya a tiro visual el Convento del Desierto de Calanda, al que llegamos tras unas cuantas revueltas más. Se trata de un edificio barroco de enormes dimensiones, fundado bajo la advocación de San Elías, en 1682, aunque sin terminar de construir. Se dice que anteriormente ese emplazamiento estaba ocupado por una casa de campo de una pudiente familia, que fue añadiendo dependencia tras dependencia, hasta que los Carmelitas Descalzos pusieron la vista en tan singular lugar, que reunía las mejores condiciones perseguidas por la orden para su retiro espiritual, llegando a reunir hasta 40 frailes, con los correspondientes servidores para el cuidado de la gran finca. El fin lo tuvo en 1836 con la desamortización de Mendizábal, cuando pasó a manos privadas, en las que aún sigue. Que nadie piense, pues, que las privatizaciones, incluso las grandes privatizaciones, son de ahora, que ya se inventaron hace siglos. Visitamos sus ruinas, que hoy en día están incluidas en esa Lista Roja del Patrimonio, de la Asociación Hispania Nostra.

Enormes dimensiones las del edificio

Por el monte, camino del objetivo
            Ya por el PR TE-14 seguimos hasta el cruce del camino que viene de Torrevelilla, al que nos incorporamos en dirección contraria hasta tener que dejar el vehículo. Por ancho camino de monte bajo y joven pinar nos dirigimos hacia la sierra de La Ginebrosa. La alternancia con tramos de pista se sucede, hasta llegar al collado y encontrarnos con señales de Sendero Turístico de Aragón. Seguimos por la pista a dos aguas, camino del mirador del Pilón, alcanzando antes de llegar a él este vértice geodésico que señala la máxima altura de esta sierra, llamada como ella.

Con las últimas luces

Llegando al alto
            Justo tiempo para ver marchar el sol a dar lección a otra parte, y emprendemos el descenso al trote gorrinero hasta llegar al coche, con el que salimos ya en dirección a Torrevelilla. Desde la entrada en la pista por la carretera que veníamos de Calanda, hasta Torrevelilla, han sido 18,2 km, para andar tan sólo 5 km, en 50’ de tiempo total, del que 45’ han sido en movimiento, con 275 metros de desnivel acumulado D+ y D-. Hemos querido hacer así la ruta para incluir el Desierto de Calanda y su Convento, pero por ello nos hemos dejado otros puntos de interés, como Lo Salt. Volveremos. Volveremos para hacer una ruta más integradora y racional.




El track del Morrón de Tolocha: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16533188