martes, 21 de febrero de 2017

Tossal dels Tres Reis y Perigañol, de mugas e interiores del Bajo Aragón Histórico

IXOS MONS
Tossal dels Tres Reis (1.351 m)
La Caixa y Perigañol (1.033 m)
Sábado, 18 de febrero de 2017


            Cambiamos de aires, y nos vamos a una de las extremaduras de Aragón, al Bajo Aragón Histórico, concretamente a tierras de Beceite, situado bajo sus puertos, de cuya frescura se beneficia, de ahí su íntima relación con el agua. El Abuzeit árabe, tierra de olivos, que seguro que alguno queda de aquel califato de Córdoba del que formó parte. Una tierra regada por un joven Matarraña, que no quiere intermediarios, que dice que desde El Parrizal se atreve con todo hasta el mismísimo padre Ebro, al que le entra, naturalmente, por su derecha, haciendo sus filigranas en la muga entre Zaragoza y Tarragona, en la cola del embalse de Ribarroja, embalses que apenas sufre a lo largo de sus casi cien kilómetros, presumiendo por ello de una buena conservación. Y a esas tierras nos vamos, previsto inicialmente con Javier, y los autóctonos Miguel y Luis, grupo enriquecido, y bien sin ninguna duda, por Juan, Rafa, Marta y Alberto. Vamos, pues.



Nueva señalización del STA
            Tossal dels Tres Reis. Sin más preámbulos, nosotros a lo nuestro, que son las montañas, y por aquí, desde luego, no van faltos. Salimos de Beceite, por el camino de Peñarroya, junto al barranco de las Oliveras, antiguo itinerario del GR 8, dando alcance al Embalse de Pena, que dejamos atrás para continuar y dar con ese nuevo trazado convertido a Sendero Turístico de Aragón. Un giro de 90º a la izquierda nos mete ya en el PR TE-155, que con indicaciones de la ermita de San Miguel de Espinalva, nos permite ir motorizados hasta dar con una sirga en el camino, que han sido casi 9 km.



Progresando por el bosque
            Desde aquí, abrazados ya al barranco de Pena, con pocas alegrías él, lo que nos permite cruzarlo en varias ocasiones sin problemas. A los diez minutos nos metemos por un sendero, que hace las delicias del caminante. Un sendero que va coqueteando con el ancho camino que nos sube a la ermita de San Miguel, con su complejo de casas en ruinas, como ella. Sin ningún valor arquitectónico aparente, está situada en un alto, con un perfecto dominio visual sobre una gran extensión de terreno, incluso del Pirineo, aunque hoy no se deje. Rodeada de buenos bancales, que duermen el sueño de los justos, destila sensaciones con un cierto aire añejo de vidas duras, que lo fueron, hasta que se hicieron imposibles. Reflexiones echando un bocado al sol.



Entrada a la ermita
            Dejamos atrás este enclave para seguir nuestro camino. Un camino que viene ya estando plagado con diversos encuentros con otro de los colectivos que gustan de los montes, de los montes que ven con caza, y con los que siempre estamos en inferioridad de condiciones. Desde luego, tienen sus razones… colgadas al hombro. Incluso podemos hablar de otro colectivo que nos encontramos, ese que tiene las suyas en forma de gruesas y agresivas ruedas, dos en la mayoría de casos, pero alguno con cuatro, siempre acompañadas de gran estruendo y gran erosión en el terreno, a cuya grupa van irreconocibles jinetes.



Tossal d'Encanadé y Hereu
            Una hora más y alcanzamos ese tozal, ese Tozal de los Tres Reyes, o Tossal dels Tres Reis, que llaman por aquí, donde confluyen las provincias de Teruel, Castellón y Tarragona, como manifiestan varios indicadores, y desde donde se tiene una más que amplia panorámica sobre lo más cercano de todas ellas, extendiéndose la vista hasta el infinito. Los Puertos de Beceite es lo más próximo que tenemos. Algo más lejano, La Caixa, con el Perigañol, nuestro próximo objetivo, y para alcanzarlo tenemos que ir bajando de aquí. Un descenso que hubiéramos hecho por un sendero cruzando las dos provincias cercanas, pero eso suponía meternos en unos tajos en los que nos podríamos ver sorprendidos por fuego cruzado.



Abrigos de piedra seca
            Desandamos, pues, todo lo andado. Llegamos a San Miguel, y debajo de él hay un desvío para bajar al barranco del Pena, que tampoco tomamos por la misma razón. De modo que problema resuelto, a volver por donde hemos venido, por un entorno abrupto, en el que la vegetación va colonizando lo que el hombre ha ido deshumanizando, esos iconos de la vida pastoril de antaño, las mas, masías, masadas, masicos… que de varias formas llaman.

          De regreso a los vehículos, contabilizamos 20,6 km de recorrido, hecho en 5h 5’ de tiempo total, del que 4h 25’ han sido en movimiento, para salvar más de 1.100 metros acumulados de D+ y D-, en una ruta exigente, pero por lugares de extraordinaria belleza.






La Caixa y el Perigañol
            Perigañol. El embalse de la Pena apacigua las aguas del río del mismo nombre, y que recibe un polémico trasvase del Matarraña, que en ocasiones le deja un escaso caudal a su paso por Beceite. Regresando de la ruta anterior, y a unos 4 km antes de llegar al pueblo, paramos en un merendero que da vista a esta cuenca y a la montaña que la domina, La Caixa, o Arca, que también la llaman, una formación geológica que destaca por los cuatro costados, una enorme roca que alberga un amplio altiplano. Para ello, volvemos como algo más de un kilómetro dirección a Beceite, para dejar los vehículos y tomar el PR TE-152, que jalonado en los primeros compases por campos de olivos y almendros, comienza ya a subir despiadadamente por empinado sendero, con tramos de piedra suelta.



Pared norte, muy cercano a la chimenea de subida
            En poco más de media hora se alcanza el cruce, al que tenemos que regresar para subir al Perigañol. Pero de momento nos centramos en la ascensión a este fenómeno de la naturaleza, que desafiante nos mira de reojo conforme vamos subiendo. La cota mil coquetea con la muga entre los términos de Beceite y Valderrobres, por la que tenemos que ir discurriendo en ligero descenso, para recuperarlo al llegar al extremo NW de este macizo, por cuya cara norte te lleva el sendero, hasta alcanzar el otro extremo, el NE, donde nos encontramos la única debilidad que pone de manifiesto. Una cadena, que ha sustituido no hace mucho a una vieja cuerda con nudos, está presta para ayudar a subir, pero sobre todo, a bajar.



Chimenea de ascenso
            Entre una cosa y otra, disfrutamos de un singular paseo por su planicie, adornada por unos racimos de carrascas que rompen con la monotonía mineral. Una planicie que invita a recorrerla, a acariciarla, a dejarse imbuir por todo lo que nos ofrece, que no es poco. El embalse a nuestros pies, y unas vistas extraordinarias sobre unas tierras que a lo largo de siglos y siglos, han vivido cien batallas, porque muchas idas y venidas han soportado de gentes que las querían para sí, y no nos extraña nada, por algo sería.


Planicie cimera
            De nuevo al tajo, para bajar, ahora sí, usando la cadena. Y vuelta sobre nuestros pasos hasta ese cruce antes mencionado, para tomar el ramal que en menos de 50 metros de desnivel nos sube ya de tiro al Perigañol, habitado por una caseta de vigilancia de montes, un vértice geodésico y un abrigo de piedras con mucha mili. Foto y seguimos, pero ahora por nuevo trazado, tratando de llegar a la cresta que forman unos enormes acantilados que mantienen un vertical equilibrio sobre el vacío, ocupado por una buena cabaña de buitres que se solazan con las térmicas de una más que agradable tarde de esta cuña primaveral. Este sendero, no muy evidente en algún tramo, nos lleva hasta un repetidor de TV, al que llega un ancho camino de cemento que nos baja ya al pueblo, disfrutando a su llegada del tránsito de un Matarraña que no quiere marchar de aquí sin dejar algo de su espectacular recorrido comenzado en el Parrizal.


            De esta forma culminamos la excursión vespertina de hoy, habiendo recorrido 7,7 km, en 2h 35’ de tiempo total, del que 2h 15’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 615 D+ y 715 D-.


            
            Junto con los de la mañana, han salido 28,3 km, con 7h 40’ de tiempo total, del que 6h 40’ han sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 1.745 D+ y 1.855 D-, con una magnífica compañía, y por unos parajes para repetir.
  



El track, del Tossal dels Tres Reis:   https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16503272
El track de La Caixa y Perigañol:      https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16503306

lunes, 6 de febrero de 2017

Por las tierras del Bajo Cinca

IXOS MONS
Loma de Valderrevés (565 m)
Tozal (509 m)
Alto de los Aüts (446 m)
Sábado, 4 de febrero de 2017


            Hoy nos toca visitar las tierras del Bajo Cinca, regadas por un río de los grandes, y no sólo por su tamaño, sino por su entidad, por sus orígenes. Nace de las entrañas del mismísimo macizo del Monte Perdido, por lo que trae en su ADN lo mejor de lo mejor, y por si eso no fuera suficiente, su infancia y juventud se ven engrosadas por las esencias del Barrosa, Cinqueta, Bellós, Ara y Ésera, entre los principales. Aguas todas ellas pirenaicas, con carácter. Toda Ribagorza, todo Sobrarbe se rinde a sus pies. El Somontano lo atempera, y manso llega ya con el agua al cuello casi, casi, hasta el Ebro, no sin antes rendirse al Segre sin cambiar el paño cuatribarrado, en el que a la multiplicidad de lenguas de cada uno de los valles pirenaicos inscrita en él, a punto de morir ya se le exige aprender otra.


            Y de uno de esos valles, donde confluyen otros, también de raza lingüística, cultural, histórica… vamos, de raza, como es el del Aragón, bajamos hacia las tierras llanas, primero de la Hoya de Huesca, pasando por la Sariñena monegrina después, para llegar hasta Ontiñena, administrativamente del Bajo Cinca, pero paisajísticamente tan de Monegros, como sus vecinas de poniente. Aprovechando una jornada de menos lluvias por estos lares, nos presentamos pues en este Ontiñena, que nos recibe con sus preparativos para celebrar sus fiestas pequeñas, pero grandes para las más grandes, para las mujeres, para las aguedetas.


            

            Loma de Valderrevés. Partiendo pues de Ontiñena, nos dirigimos hacia  uno de sus extremos occidentales, donde comparte sierra con Villanueva de Sigena. Estamos hablando de Valderrevés, a cuyo punto más alto nos acercamos, al filo de esa buega, que dicen algunos, o muga que decimos otros.

Casa Estrada
            Con el amigo Antonio, paisano y buen conocedor de su territorio, emprendemos desde el campo de fútbol por el camino de Valdefelipe, y luego por el de Valdemorales, por una ancha pista agrícola bien cuidada mientras da juego a los campos de regadío, al término de los cuales, se convierte en más estrecha, en más embarrada. Todo ello por entre el paisaje más monegrino que te puedas encontrar, aliviado por enormes extensiones de campos de regadío, plantados con frutales, que esperan su madurez para empezar a dar. Poco a poco nos vamos metiendo en el barranco de Valderrevés, y al cabo de unos 9,5 km dejamos el coche para comenzar la circular.

Sendero entre romeros y jaras
            Seguimos por el barranco de Valderrevés, dejando a nuestra izquierda el de las Perdices. El paisaje está salpicado con alguna balsa, como la de Regino, que dejamos también a nuestra izquierda. A lo que el barranco hace un brusco giro a poniente, seguimos rectos ya por un sendero, que abandonamos unos metros para asomarnos a un collado, desde el que se divisa gran parte de este extenso territorio de Ontiñena, incluso del vecino de Villanueva de Sigena. Nos incorporamos al sendero, que va discurriendo entre jóvenes pinos, que rompe agradablemente con lo que veníamos viendo hasta ahora.


Sendero más ameno
            Tras pasar junto a las cuatro zapatas de una de las torres proyectadas de la antigua Aragón-Cazaril, salimos a una amplia pista, que viene de Villanueva. Ya estamos en su término, y la seguimos, encontrándonos de nuevo con ese barranco de Valderrevés, justo al entrar en una cabañera, que abandonamos al llegar a una collada, donde está el refugio de Piedrafita. Collada que hay que alcanzar para llegarnos al punto álgido de esta sierra, ya que lo hemos ido dejando en un alto a nuestra izquierda. A lomos ya de ella, incluso de la muga, en poco está ya que sin ningún indicador visible, y ningún punto más alto que el que estamos, a los 565 metros, damos por concluida nuestra ascensión.


Callados bancales
            Los romeros floridos nos acompañan de nuevo hasta esa misma collada de Piedrafita para coger el camino de los Besqueros y dejarnos engullir por la Val Larga o Valle del Coño, que figura en los mapas. Una interminable sucesión de bancales van trayendo otros tiempos a la mente y el verbo de Antonio, que va amenizando la bajada con sus historias de chicorrón, cuando pasaba semanas enteras en pequeños mas, hoy camino de la ruina, sembrando a mano, lo que actualmente está casi abandonado por no ser rentable. Varios son los barrancos que dejamos a la izquierda, el del Morrete, el del Nogal, que calladamente van erosionando estos blandos terrenos.


            Llegados al coche, volvemos a Ontiñena. El circuito completo han sido 29,5 km, con 640 metros de D+  y D-. Al tramo andando le hemos metido 2h 15’ de tiempo total, del que 1h 55’ han sido en movimiento, para recorrer 10,3 km, y salvar 350 metros de D+ y D-. Por unos montes todos ellos conocidos por nuestro acompañante Antonio, pero ahí están los mapas para centrar el tiro, ya que no lo tenía como punto más alto, no sólo de Ontiñena, sino de toda la comarca del Bajo Cinca, tal vez por no reivindicar parte de esa sierra, y de ese alto, todo ello fronterizo con Villanueva de Sigena, de la comarca de Monegros.




Terrenos que hubieran desaparecido bajo el Gran Scala
            Tozal. Salimos de nuevo de Ontiñena para acercarnos a esta cota, concebida en el imaginario popular como más alta. Más emblemática, sí. Más querida, también. Y más visitada, seguro, pero sus 509 metros de altitud la delatan como la segunda, aunque está por los cuatro costados en este municipio, dominando un vasto territorio en el que pusieron su mirada los políticos de turno promoviendo un proyecto para el que sacaron la alfombra roja, y ante el que se les fundían las neuronas al contemplar cifras como las de 4.000 hectáreas, 32 casinos, 6 parques temáticos grandes y 12 pequeños, 70 hoteles con capacidad para 25.000 personas, 250 tiendas, museos, campos de golf, 26.000 empleos directos y 65.000 indirectos, con su propio aeropuerto y terminal de ferrocarril… todo ello bajo una supuesta inversión que superaba los 17.000 millones de euros, en un municipio de poco más de 600 habitantes, en el que se preveían más de 5 millones de visitantes en los inicios y 25 cuando el proyecto se culminara, en 2020. Gran Scala. En fin, pa’echarse al monte.


Llegando al Tozal
            Y eso hacemos con el amigo Antonio, sin cuyo concurso nos hubiera sido complicado dar pie con bolo por entre tanta pista agrícola. Éste al que nos dirigimos en esta ocasión se podría decir que está en los dominios de San Gregorio, el santo patrón que protege a las gentes y los campos de este municipio. Salimos también, desde el campo de fútbol, por el camino de Valdefelipe, y luego por el de Valdemorales, hasta un punto en el que va a converger nuestro regreso, y que bien podría ser el punto en el que las ruedas den relevo a las piernas, pero dadas las horas, continuamos motorizados. Y lo hacemos por pista casi, casi al límite. Finalmente llegamos al pie del Tozal, que como su nombre indica, es un tozal que permanece enhiesto, y que para acceder a él tenemos una corta pero brava subida.


            El regreso, tras un corto tramo común, lo hacemos ya tomando el camino de los Besqueros, que ya hemos transitado en nuestra anterior incursión por Valderrevés. Nos lleva a la ermita de San Gregorio, nombrado anteriormente. Nos detenemos para contemplarla de cerca. Se trata de un conjunto eremítico bien cuidado, con gran explanada y cubierto que alberga cantidad de mesas y bancos en los que se reúnen los paisanos en el día de la fiesta, en torno al 9 de mayo.


            Avanzamos para llegar al embalse del mismo nombre, punto terminal de una de las acequias del canal de los Monegros, y que recoge las aguas que enriquecen los campos próximos, pasando del “miro al cielo a ver qué pasa” de los secanos, a llenarlos de frutales con sus lonas anti granizo. Seguimos con nuestro regreso hasta pasar tangencialmente con el punto antes mencionado e incorporarnos al poco a ese Camino Viejo de San Gregorio, que nos devuelve al pueblo.


            En esta segunda incursión a estas sierras, el recorrido completo ha sido de 32 km, con 460 metros de D+ y D-. El tramo andando ha sido muy, pero que muy breve, casi vergonzoso, apenas 150 metros con 17 metros de D+ y D-, en 5’. De haber dejado el coche en ese punto en el que converge la ida y la vuelta, salen 16,6 km, y 250 metros de D+ y D-, valores algo más razonables.
  


Monumento
            Alto del Aüts. Para este tercer hito de la jornada, partimos de Mequinenza, cruzamos el Ebro al tiempo que el Segre se encauza en él, y tomamos la A-1411 hacia el sur. Pasamos junto a ese monumento a los muertos de la sinrazón, a los muertos de una guerra fratricida, junto al lugar donde se inició el primer combate de la que sería la batalla más larga y cruenta de la contienda civil del siglo pasado.  


Caminos de cochins
            Continuamos unos kilómetros, coincidiendo con algún tramo del GR 99, ese Camino Natural del Ebro que lo acompaña desde su nacimiento hasta su desembocadura. Guiados por las coordenadas, nos metemos en una pista a mano derecha, a cuyo término, en breves, dejamos el coche y nos echamos al monte en busca de este nuevo objetivo. Sin caminos, sin senderos, en plan cochín, conseguimos llegar a él. Se trata de un alto, que lo disimula bastante bien, en cuya planicie se encuentran unas tablas de labrados campos, y que en uno de sus cantos se encuentra el vértice geodésico.


            El entorno es de monte bajo con vegetación mediterránea, entre la que no siempre es fácil el tránsito. Breve vistazo alrededor y vuelta por donde hemos venido, llegando al coche a media luz, o menos. Hemos contabilizado 55’ de tiempo total, del que 50’ ha sido en movimiento, para completar los 2,8 km de ida y vuelta, y hacer 150 metros de D+ y D-.
  



            Una jornada vivida plenamente por las tierras del Bajo Cinca. Sí señor.

domingo, 29 de enero de 2017

Pueblos del Guara Septentrional, por las huellas que el tiempo deja

MONS CON NIEU
Pueblos del Guara Septentrional
Bentué de Nocito (1.075 m)
Abellada (1.220 m)
Azpe (1.255 m)
Used (1.140 m)
Sábado, 28 de enero de 2016







¡Si supieran ver que hay huellas en la nieve 
que ni un sarrio ni un esquí pueden dejar!...
¡Si siguiéndolas llegaran a esta puerta!...
¡Si trucasen... Tal vez pudieran entrar!

Tozal de Guara. Soberbio.
            No se nos ocurre una mejor forma de comenzar este nuevo relato de otra salida invernal. Esta vez hemos elegido unos versos que le van al pelo a estas tierras calladas a las nadie les cerró los ojos antes de partir. Nadie se entretuvo en ello. Nadie pensó en ello. Todos marcharon. Y ahí siguen, mirando sin ver, llorando sin llorar. Al igual que los versos del comienzo, todo son referencias a letras de canciones de La Ronda de Boltaña, que como pocos han sabido retratar, literaria y sonoramente, el alma de estos pueblos que ha ido languideciendo poco a poco en las últimas décadas. Como estos otros de “…si los hombres permanecen, los dioses ya volverán…”, pero no, no han permanecido, obligando a los dioses a encarnarse en esos viejos robles a pie de camino, que te hacen mantener la respiración al pasar junto a ellos. No, ya no hay huellas en la nieve que lleguen a las casas, tampoco hay que trucar en las puertas, no hay nadie que las abra… no es necesario, quedaron abiertas.

Bentué de Nocito
Barranco de Abellada
            Al norte de la Sierra de Guara, entre ésta y la de Aineto, se encuentra una tierra, labrada, regada, por varios barrancos cuyos nombres participan del de los pueblos que junto a ellos han sabido abrirse a la vida, austera vida, durante siglos. Hoy nos hemos lanzado por estos nevados caminos que unen pequeños pueblos de casas espaldadas, y que como muchas, muchas, de las últimas nevadas, se han ido regalando sin perder la virginidad.

Imagen de arranque, en Bentué de Nocito

Calzadas
            Partimos, pues, de Bentué de Nocito para recorrer esos caminos de viejo que unían pueblos, unos caminos en largos tramos empedrados y que al poco de ir pisando barro, se comienza ya a convertir en nieve, una nieve que íbamos pisando como si fuera la primera vez, como que era la primera vez. Los bojes y pinos se van viendo intercalados ya con enormes ejemplares de roble, que invitan a posar junto a ellos. Pronto nos abrazamos al barranco de Abellada, que discurre lentamente bajo una ligera capa helada, un barranco que cruzamos en varias ocasiones, una de ellas junto al molino de ese pueblo.


Progresando por los caminos nevados
Casa Otín. Fachada donde se aprecia la vieja torre
            Al llegar al cruce, en el que un indicador nos confirma la dirección a seguir, es opción la de entrar a Abellada, y la tomamos, cruzando de nuevo su barranco. La entrada al pueblo se hace por una fuente. Sorprende las grandes dimensiones de Casa Otín, cuyas paredes luchan por mantenerse en pie. Una casa grande sin duda, que fue construida aprovechando una vieja torre defensiva. Breve visita por lo que puede ser visitado, breve bocado también, y a pasar por última vez ese barranco de Abellada para llegarnos al cruce y seguir ruta.

Barrancos hibernando

Entrada a Azpe
            Continuamos por esos caminos nevados, cuyo silencio sólo es roto por la descarga de nieve de las ramas de los bojes. Unos bojes que colonizan el territorio, y que se van intercalando por enormes ejemplares de robles cuyas desnudas ramas sólo son capaces de albergar el aire. Rendimos pleitesía y nos los llevamos en imágenes. Tras pasar por un alto, que va dejando atrás el bosque, y que deja al descubierto amplios terrenos cubiertos de nieve, el camino se va encorsetando por unas lajas a uno y otro lado hasta llegar a Azpe, nuestro siguiente pueblo deshabitado, también con un reducido puñado de casas, que van viendo pasar el tiempo, que poco a poco le va sustrayendo piedra a piedra.

La magia del bosque nevado
En las cercanías de Used
         Dejamos atrás el indicador a Bara y seguimos nuestra ruta, ahora en dirección a Used. Nuestra mirada se ceba en ese cordal, extraordinario cordal de Guara, desde el Tozal, hasta el Cabezo, pasando por la Punta Ballemona y el Cubilás. Por un breve tramo nos abrazamos al barranco de Used, para dejarlo a su aire y seguir a lo nuestro, hasta este otro pueblo que, al estar ya al amor de una carretera ve cómo sus esfuerzos por sobrevivir se ven compensados con el arreglo de alguna casa. Paramos a echar otro bocado y seguimos, para llegar en media hora al punto de partida, Bentué de Nocito, en cuyas proximidades tenemos los vehículos.

Casa O Ferrero, en Bentué de Nocito
            Una mañana en la que nos ha acompañado lo meteorológico, con ratos incluso disfrutando del sol, aunque en los otros también lo hemos hecho. Sí, a lo largo de las 5 horas de tiempo total, del que 3h 55’ han sido en movimiento, para recorrer 12,7 km, y salvar un desnivel acumulado D+/D- de 630 metros por silenciosos caminos en unas tierras en las que todavía se oyen los ecos de tiempos mejores.
  



El track, en: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16245212