lunes, 16 de octubre de 2017

Tozal del Mallo y Faja de las Flores, la joya de la corona

AQUERAS MONTAÑAS
Tozal del Mallo (2254 m)
Faja de Pelay (2300 m)
Viernes, 13 de octubre de 2017



            Érase que se era una reina que en su trono proclamada fue ciento menos un año ha. Reinaba feliz sobre uno de los valles del vasto territorio, y como portábase bien con sus súbditos, fuele reconocida su labor y ampliado su reino a otros tres más. Todos ellos convergían en un punto, en el más alto del reino, y a pesar de que desde cualquier lugar del mismo viérase, incluso desde otros reinos lejanos, injusto su nombre aún permanece, Perdido. Esta reina, de profundo y travieso valle, celosa e imperturbablemente su corona guardaba. Una corona de fajas y muelas, que cada estación mudaba, y esplendor al viejo reino daba. Y en esa corona una joya, desde la que para alentar a sus súbditos contemplar podía, porque… para ella todos trabajaban, como en un panal de rica miel. Bueno, pues con el permiso de nuestra reina, y sin ánimo de importunar, nos alzamos hasta esa corona para contemplar el reino a través del prisma de su joya. Y esto es lo que vimos…
  
Valle de Ordesa, el primitivo reino, desde la joya de la corona

Con los moradores otoñales
            Pero nuestra reina no está sola, porque el persistente anticiclón sique reinando también sobre la atmósfera, ejerciendo una especie de tiranía de difícil comprensión y asimilación. Cuando la horquilla térmica entre el día y la noche supera los veinte grados, y así un día tras otro, y ya van muchos, échate a temblar, manto vegetal, échate a temblar. Ni él mismo lo entiende, porque se ve privado de su alimento más preciado, el agua. El agua para beber, el agua para respirar, el agua para brillar, porque de todo eso está falto. Ha llegado el tren a la estación… pero no hay estación. No se detiene, pasa de largo, anda despistado, porque todo está desfigurado, no sabe muy bien qué está pasando, a qué se debe, qué ha ocurrido con esa estación en la que debe hacer su parada, su descanso, para su deleite y el de los que moran en rededor. Sí, el tren está fatigado, imposible ofrecer lo mejor de sí mismo, pero esos moradores ahí siguen, resisten, porque son fuertes, porque son sabios.

Vestidos de noche, ahí vamos, a la faena

Desvío para la Faja Racón
            Y para impregnarnos de esa fortaleza y de esa sabiduría, con María, un par de Carlos y Toño nos acercamos a ellos. Si hace una semana recorríamos el alero alto del paco de Ordesa, y los medios de su solana, hoy nos disponemos a hacer lo propio con el alto, con el más alto de esa solana que más sufre de esa falta de agua. Hoy nos disponemos a alzarnos sobre la joya de la corona. Y cómo no, con visita al Tozal del Mallo incluida, porque está ahí. De modo que tomamos el bus de las 7 en Torla, y en poco más de media hora ya estamos prestos para emprender la marcha que, como luciérnagas primero hasta Casa Olibán, y luego por entre el bosque nos vamos deslizando poniendo un pie más alto que el otro, hasta que salimos del ahogo a campo abierto al mismo tiempo que el alba.

Efectos devastadores de las avalanchas

Paredes del Gallinero
            Circo de Carriata. Enorme. Paredes de abismo, éstas del Gallinero, con piel agrietada, vertical, como ellas, geométricas, admirables, espantadas de sí mismas. Enfrente ese Tozal del Mallo, vigilante de Ordesa, que inhiesto, firme, tieso él, se asoma a su entrada, pero que esconde una pacífica llegada por detrás, que te acoge con suavidad, con ternura, con agrado. Dejamos atrás el cruce de la Faja de Racón y seguimos subiendo, alcanzando una pequeña chopera, cuyos componentes se han puesto de acuerdo para tocar al unísono la melodía otoñal. Seguidamente, el camino se bifurca, a la derecha la Fajeta, a la izquierda las clavijas, que es por donde optamos, ya que se trata de un itinerario más directo… y más disfrutón.

Progresando por las clavijas de Carriata o Salarons

Camino del Tozal del Mallo
            Una vez superadas, se llega a un plató donde se vuelven a fundir ambos caminos, y desde donde está la opción de ir hacia el Tozal, opción que tomamos, al fin y al cabo, como una hora más. El sendero, en decidida orientación hacia poniente, va directo al collado del Tozal, ofreciendo la compañía de algún ejemplar de sarrio, como en este caso, que un solitario macho viejo deambula a su aire sin inmutarse demasiado. Finalmente llegamos a lo alto de este sorprendente monte, que se empina bajo las fajas del Mondarruego.

En el Tozal del Mallo, bajo los paredones del Mondarruego

Pico Royo y Pico Blanco
            De vuelta a ese plató para seguir la ascensión y meternos en la parte alta de Salaróns, en busca de la entrada de la Faja de las Flores. Hora y media cuesta recorrer la faja. Hora y media de pura adrenalina. Hora y media de discurrir por una delgada línea por encima de estos inmensos patios por los que ya se ven los buitres aprovechar las térmicas en esos apacibles vuelos que los elevan más y más sobre los abismos de Ordesa. Vamos acompañando al perfil de este gran macizo del Gallinero. Un perfil que nos va metiendo al barranco de Cotatuero, que nos va abriendo las vistas sobre ese cordal mágico que hace de muga entre nuestro Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y el Parque Nacional de los Pirineos, de Francia. Un cordal que se asoma al lunático terreno de la alta montaña de Ordesa por este lado, y a los grandes abismos de Gavarnie por el otro. Gabietos, Pico Royo, Pico Blanco, Taillon, Dedo, Falsa Brecha, Bazillac, Brecha, Casco, Torre, Espalda, Cascada, Marboré, Cilindro, Perdido, Pico Añisclo, Punta de las Olas. Todo un festival para los sentidos.

Faja de las Flores

Las Treserols, sobre el circo de Cotatuero
            Abandonamos este singular alero para ir bajando hacia el fondo del circo de Cotatuero, que ya se nos muestra con los brazos abiertos. Por una zona de lapiaz nos vamos aproximando al canto de un barranco, que ya nos acompaña hasta el inicio de las clavijas, que acometemos tras echar otro bocado y pertrecharnos con los aperos correspondientes. Dejamos atrás unas tristes badinas donde se regocija el escaso caudal de agua y nos enfrentamos al abismo de Cotatuero. Unas gradas primero, unos pasos verticales y alcanzamos el mítico paso de las clavijas, dotado desde hace unos años con una sirga como línea de vida. Se trata de un lugar inexpugnable, sin otra opción de paso más que por la pared vertical, a través de una línea de clavijas para los pies y otra para las manos, y la susodicha sirga, que agiliza mucho el paso al poder hacerlo en autonomía.

Tramo final de las clavijas de Cotatuero

Descenso por la chimenea
            La travesía culmina con un tramo en descenso y otro breve horizontal, que te deja en la parte superior de una chimenea, también equipada con clavijas de la misma época, con más distancia entre unas y otras que la deseada. Entre ellas, y las presas que ofrece la pared hay que ir bajando hasta alcanzar ya suelo firme, donde despojarse de pertrechos y volver a ser andarín. Andarín de altura, que la va perdiendo poco a poco. Pero no es justo despacharnos con cuatro líneas sobre un punto tan emblemático de este reino como son las Clavijas de Cotatuero, incluidas hoy en día en el mundo ferrata, pero son muy anteriores a esta nueva forma de abordar la montaña. Por ser breves, diremos que fueron colocadas por dos herreros de Torla en 1881, por encargo de un cazador inglés, para trazar un itinerario directo entre el fondo del valle y los amplios espacios de alta montaña, bajo la Brecha de Rolando, donde habitaba la codiciada caza.

            Pero volvamos a lo nuestro. Entrados ya en el bosque, nos vamos mimetizando con ese otoño, triste otoño, que nos acompaña ya hasta el camino de Soaso, no sin antes haber pasado por el cruce de la entrada a la Faja de Racón. Una hora desde los fierros para mezclarnos ya con el tránsito del camino normal del fondo del Valle de Ordesa.

Abrigo junto al cruce del barranco de Cotatuero

            Casi nueve horas de auténtico disfrute por estos aleros, compartiendo visión y sensaciones con las grandes aves que pululan por las alturas, por esta delgada línea colgada por entre vertiginosas paredes que caen a pico sobre los abismos de Ordesa. Hoy, de nuevo, y una vez más, hemos tenido el privilegio de auparnos a esa corona de la reina para ver su reino bajo el prisma de su joya.




domingo, 8 de octubre de 2017

Pelay, Canarellos y Racón, fajando Ordesa

AQUERAS MONTAÑAS
Pelay, Canarellos y Racón
Sábado, 7 de octubre de 2017


            Esto es como cuando uno va a un concierto de gala todo ilusionado, bien pertrechado, todo compuesto, casi, casi, ansioso porque el auditorio abre las puertas durante pocos días al año para ese espectáculo, y peor aún, no anuncia las fechas, que son aproximadas, de modo que tienes que ir un poco al tentón… y vas, pero te encuentras que las flores están un poco lacias, que no hay ambiente todavía, como si los encargados del mantenimiento no hubieran hecho bien su trabajo. Te encuentras con unos músicos que siguen templando sus instrumentos, que los siguen afinando, que siguen ensayando, que sobra luz, que falta color, armonía… no sé, algo falla. Pero te quedas con la duda de si habrás venido antes de hora… o quizá tarde… o quizá este año no viene esta orquesta, o viene con los músicos suplentes... Son muchas dudas. Seguiremos yendo, seguiremos llamando a la puerta del auditorio, porque queremos saber, queremos conocer, queremos impregnarnos de esas notas mágicas que cada músico, con su atril multicolor ofrecen en esta época del año y que vibren al unísono con nuestro diapasón. Todo ello cuando lo decida el director de la orquesta.

Relevamos a la luna en su visita al Valle de Ordesa

A las puertas del auditorio
            Pues aun así y con todo, no nos defrauda. No. No lo hace, la naturaleza nunca lo hace. Quizá sí lo/los causantes de verla así, pero no ella. Nunca. Valle de Ordesa, el germen del actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, casi el primero de España, casi centenario. Sí, este año que viene hará cien años que se declaró como tal, unos meses después de el de los Montes de Covadonga, actual de los Parque Nacional de los Picos de Europa.

Listos para fajear

Puente con los ojos secos
           Pues ahí hemos estado, en Ordesa, con un ambiente que implora agua, envueltos en un pertinaz anticiclón que nos deja estabilidad atmosférica y días extraordinarios para hacer montaña… y de la buena, pero que como siempre hay un pero… la alegría no es completa. La falta de aguas está dejando secos los barrancos, destripando los cauces de los ríos, está apagando el brillo de esos seres magníficos a los que tanto debemos, como son los árboles, los verdaderos atriles de la sinfonía por tocar. Está todo como triste, deslucido, dejando pasar la otoñada sin pena ni gloria, una otoñada forzada por la sequía, por la que los integrantes del bosque, ante la falta de alimento, deciden anticipar su retirada a los cuarteles de invierno, a las raíces, donde concentran todas sus energías para brotar con fuerzas renovadas con el cambio de ciclo.

En plena faena

Los músicos se preparan para el concierto
            Pues venga, al tajo, que lo que nos hemos propuesto hoy tiene tela. Vamos a recorrer el valle de Ordesa por sus aleros, subiendo primeramente por la senda de los Cazadores al mirador de Calcilarruego, para recorrer la faja de Pelay, con unas extraordinarias vistas sobre el circo de Cotatuero y el de Soaso más adelante, al que bajaremos para discurrir por el fondo del valle hasta auparnos a otra faja, la de Canarellos, hasta el barranco de Cotatuero, desde donde lo haremos a la de Racón, para bajar por el de Carriata hasta la Casa Oliván. Un completo recorrido huyendo de la masificación de la ruta normal a la Cola de Caballo, con la que no hemos podido evitar compartir un buen tramo del camino.

Vamos tomando altura

La pradera de Ordesa, centro neurálgico del valle
            Con Sara, Marisa, Pepe, Manuel, Jose, Carlos, Toño, y Ástrid, Blanca y Yeyo, que vienen de Zaragoza, y a donde quieren volver para no perderse el inicio de las fiestas, emprendemos, con 6º C la marcha dirigiéndonos hacia el arranque de esa senda vertical, o casi, que es la de los Cazadores, para lo que hay que cruzar el río Arazas por el puente, aunque no hubiera hecho falta… ni gota de agua por el río. ¡Qué tristeza! Pero a ver qué nos cuenta el bosque, que tras unos primeros pasos de calentamiento no oculta ya sus intenciones. Un sinfín de vueltas y revueltas salvan los más de quinientos metros de desnivel hasta el mirador de Calcilarruego, a donde llegamos en hora y veinte. No está mal.

Vista sobre Cotatuero, entre el Gallinero y Tobacor, con el Casco al fondo 

Impresionantes paredones del Gallinero
            La panorámica que nos ofrece sobre todo el valle es extraordinaria, además de sobre el barranco de Cotatuero que tenemos enfrente. Después de la pechugada de subida y el descanso en el mirador, nos incorporamos al camino para disfrutar recorriendo esta faja, que en un primer tramo se abraza a la curva de nivel de los 1900/2000 metros para a continuación ir descendiendo paulatinamente hacia el fondo de Soaso, con un telón de fondo que poco a poco se nos va mostrando en todo su esplendor, y que no es ajeno a la sequera reinante. Pero antes de ello, vamos dejando atrás las vistas sobre la divisoria, unas vistas que se nos ofrecen por encima de ese barranco de Cotatuero. Casco, Brecha de Rolando, Bazillac, Falsa Brecha, Dedo, Taillon… un cordal mítico.

Macizo de Monte Perdido, sobre el circo de Soaso,
uno de los rincones  más merecidamente fotografiados del Pirineo

El otoño, que como todo lo bueno, viene de arriba a abajo
            Una gran vista se nos va, pero otra se nos viene. Volvamos a ese tan impresionante fondo al que nos dirigimos, y que no aparece todo de vez, la curva que traza el valle hace que primero asome la Punta de las Olas, luego el Pico Añisclo o Soum de Ramond, con su Torre de Góriz o Morrón de Arrablo, a continuación es el Monte Perdido el que asoma, con su escudero el Escaleretas, y finalmente el Cilindro de Marboré. Sí, ya estamos todos, pero aunque visualmente vamos hacia ellos, lo cierto es que ellos tiran para arriba, y nosotros para abajo, porque tenemos que llegar hasta el mismo lecho del río Arazas, que aquí se conforma con la aportación de las aguas del barranco de Góriz, que desparrama como puede la Cola de Caballo… y ahora, poco puede. La siempre visitada Cola de Caballo, la meca de los senderistas de Ordesa, a la que por preservarnos un poco de tanta y tanta gente no llegamos, parando un poco antes a echar un bocado.

Nuestra cima de hoy, en el fondo del valle -imagen de Jose.

Recién repintadas marcas del GR 11
            Estamos en un punto donde confluye el GR 11, que discurre por el fondo del valle y continúa por el sendero, salvando las clavijas de Soaso, hacia el refugio de Góriz. Nos incorporamos a él de bajada, compartiendo con una auténtica marea humana, de inequívoca procedencia urbanita, todos de subida, claro, hasta tomar la senda de la faja de Canarellos. Pero antes nos deleitamos con el espectáculo de las Gradas de Soaso, que aunque escasas de agua se esfuerzan en agradar, y sin duda lo consiguen.

Gradas de Soaso

La serenidad busca su acomodo en el patio de butacas
            Bien, dejamos el itinerario de la marea humana para ir ascendiendo por el bosque para incorporarnos a esta nueva faja, que nos va a permitir auparnos de nuevo a otro de los aleros de este espectacular valle. Una faja que discurre por la parte más occidental del macizo de Tobacor, y que finaliza metiéndonos en el barranco de Cotatuero, para descender hasta su seno, casi seco también, y cambiar de macizo, porque ahora subimos hasta media altura del de Gallinero, para recorrerlo por la faja de Racón, hermana menor de la de las Flores, y que tras recorrerlo entero nos mete en el circo de Carriata, dominado por ese bellísimo monte que es el Tozal del Mallo.

Barranco de Cotatuero

Tozal del Mallo, guardián del circo de Carriata
            Sólo queda ya incorporarnos a la senda que baja por este circo y que nos deposita en Casa Oliván, en la carretera de acceso a la pradera, a escasos cientos de metros ya del vehículo, al que llegamos tras 8 h 50’ de tiempo total, del que 6h 45’ han sido en movimiento, para recorrer más de 24 km, y salvar un desnivel acumulado en torno a los 1960 metros, aunque estos datos pueden variar debido a los rebotes que produce la señal al ir próximos a la pared. En cualquier caso, lo que no ofrece dudas es la duración, que ha sido larga, intensa, bien aprovechada al impregnarnos de las esencias de este valle de Ordesa por su base y por sus alturas, de arriba abajo y de abajo a arriba, con la siempre agradable compañía mayenca, que como la montaña, nunca defrauda.

            Volveremos. Sí, volveremos a llamar a las puertas del auditorio.
  




jueves, 5 de octubre de 2017

Miradores de La Mula y Monte Alto, por la Ruta del Bosque y el Fuego

IXOS MONS
Mirador de La Mula (720 m)
Mirador de Monte Alto (715 m)
Jueves, 5 de octubre de 2017


            Siempre es un placer darse un paseo por los pinares cercanos a Zaragoza. En esta ocasión nos acercamos a los de Zuera para compartir con ellos esa Ruta del Bosque y el Fuego, por otra de las sierras de estos extraordinarios montes, que con más fuerza siguen en pie tras los incendios que arrasaron parcialmente sus bosques. 

Cartelería al inicio de la Ruta del Bosque y el Fuego
Punto de partida de nuestra ruta
            La señalización comienza en un apartadero de la carretera A-1102 de Villanueva de Gállego a Castejón de Valdejasa, pasado el PK 16,8, pero hemos preferido tomarla un poco antes, porque creemos que merece la pena comenzarla pasando por estos bosques de una forma más íntima, más pegados a estos seres que tanto aportan, que bastante tramo tenemos luego de pista. De modo que en otro apartadero en el PK 13, junto a un merendero inutilizado por razones obvias, dejamos el vehículo y echamos a caminar por un estrecho sendero que poco a poco va saliendo a otros más anchos, pero sin perder ese trato directo con el arbolado.

Sendero por el pinar

Corrales de Cagarroz
            A los tres cuartos de hora, y llevando ya un tiempo por pista, y habiendo recorrido casi 4 km, llegamos al cruce de la entrada por el camino señalizado de esta Ruta del Bosque y el Fuego, en una gran explanada con campos y corrales de otros tiempos, Cagarroz, según los mapas. A los diez minutos nos encontramos con uno de los catalogados como Árboles Singulares de Aragón, el pino de Valdenavarro, un pino carrasco (pinus halepensis), cuyo nombre científico proviene de la tristemente recordada ciudad siria de Alepo, de grandes dimensiones: más de 13 metros de altura, casi 6 metros de perímetro de base y más de 17 metros de diámetro de copa.

Pino de Valdenavarro, en plena inspección

Ganando altura
            Poco a poco nos vamos acercando a la Loma de la Mula, para en un par de vueltas y revueltas ganar la altura suficiente para subir a la carretera que lleva al Acuartelamiento Esteban, un centro de comunicaciones del ejército. Camino de él, al mirador de la Mula marca 100 metros, pero hay 250. Este mirador sería el punto más alto del entorno dentro de la comarca de Zaragoza, ya que el vértice geodésico del Esteban, además de estar en el interior de las instalaciones castrenses, está ya en el término de Castejón de Valdejasa (comarca de las Cinco Villas). Desde este mirador se tiene una magnífica vista de los montes cercanos y no tan cercanos.

En el mirador de La Mula, con el complejo castrense al fondo

Vistas al norte desde el mirador de Monte Alto
            Volvemos sobre nuestros pasos, y aprovechamos para pasar de largo del cruce y acercarnos hasta el otro mirador, el de Monte Alto, que mira al norte, y si está el día claro, también al Gran Norte, donde se dibujan las siluetas de las montañas pirenaicas. Enfrente del cruce para este mirador tenemos una traza de la Calzada Romana, que se cree unía Pamplona con Zaragoza. Ahora sí, regresamos al cruce para tomar de vuelta el mismo itinerario que nos ha traído hasta aquí. Pino de Valdenavarro, corrales de Cagarroz, y en poco más al punto de partida. 

            Otro punto de interés lo tenemos en el Punto Fijo de Vigilancia de La Palomera, al que se accede desde enfrente de la entrada a la Ruta del Bosque y el Fuego, en el Km 16,8 de la carretera A-1102.

Calzada Romana

            Y para hacer honor a esta Ruta del Bosque y el Fuego, transcribimos alguna de las reflexiones de los sesudos del tema:

            “La mejor solución para la conservación de nuestros bosques, la más sostenible y eficaz, pasa por recuperar las actividades agropecuarias y forestales tradicionales. Por potenciar el sector primario. Por aprovechar la madera, entendiendo de una vez por todas que es un recurso renovable; por regular los aprovechamientos de setas y frutos; por impulsar la utilización de la biomasa para generar energía; por recuperar el pastoreo y las explotaciones de corcho y resina...”.
 
Panel informativo en el mirador de La Mula
            Sabias palabras de expertos en incendios forestales, sus causas, consecuencias y soluciones. Según estas mismas fuentes, vivimos en un paisaje inflamable, que antes o después arderá, y debemos estar preparados para ello. Con el abandono del medio rural a partir de mediados del siglo pasado se ha dejado al monte a su libre albedrío,  incrementando, de manera drástica, la cantidad y permanencia de combustible, que junto con el comburente son los dos elementos imprescindibles para la ignición. El combustible, la vegetación, es un auténtico polvorín.

Panorámica desde La Palomera

Otro de los carteles al inicio de la ruta
            “Hay que tomar medidas encaminadas a que los bosques vuelvan a ser rentables, y medidas audaces, valientes, como el uso del fuego como herramienta para reducir el combustible. Y todo ello en el marco de una gestión forestal que siga los principios de la multifuncionalidad y que garantice un correcto ordenamiento del territorio”. Siguen diciendo los expertos. “No es fácil, pero si se consigue esto no sólo se mantendrá el combustible en niveles más sostenibles, sino que también se reducirán las igniciones. Si el monte da dinero a los pueblos, se crearán puestos de trabajo, se fijará población al territorio y no habrá interés en quemarlo. Sólo así podremos convivir con los incendios forestales”. Son algunos de los párrafos extraídos de escritos de diversos expertos en la materia, y que podemos concluir con que es conveniente dar un poco de luz sobre el catastrofismo de este fenómeno, ecológicamente hablando. La clave está en una correcta gestión de los montes, plantando especies autóctonas, pegadas al terreno, maridaje perfecto para una mayor resistencia al fuego. Sin olvidar nunca la capacidad de regeneración propia del monte, del bosque, de toda la vida que albergan.

Otro de los tramos de bosque

            En fin… os dejamos con estas reflexiones, que hoy nos han dado de sí en estos 18,5 km de recorrido, en el que le hemos metido 3h 40’ de tiempo total, del que 3h 20’ han sido en movimiento, con 490 metros de desnivel acumulado D+/-, en una extraordinaria mañana de octubre por unos montes cercanos a la capi.





El track, en: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=20089859