jueves, 15 de junio de 2017

Villarroya, el rey del Sollavientos

IXOS MONS
Villarroya (1897 m)
Lunes, 12 de junio de 2017


A la tierra dura y viva,
de donde gente marchó
y que sueñan que algún día,
vuelvan los niños al sol.

           Con esta estrofa del Romance de Ciego de Ernesto Jartillo comenzamos otra jornada por tierras turolenses. En esta ocasión visitamos los confines de la comarca del Maestrazgo. Sus puertos, sus paisajes, sus cielos, sus montes, todo nos conduce a su historia masovera a más de mil quinientos metros sobre el nivel del mar, en la que la supervivencia era la prioridad número uno de unas gentes pegadas al territorio, y que hoy se va desgajando en la memoria. Hoy visitamos Allepuz, desde donde parte la ruta para llegarnos al Villarroya, que con sus 1897 metros de altitud, es el techo de la comarca. Un monte sencillo, como todo lo que le rodea, un monte humilde, como todo lo que le rodea, un monte callado, como todo lo que le rodea. Un monte… que no sale en todos los mapas, para el que no hay apenas reseñas ni caminos. Un monte, en el que aparentemente pocos se fijan, pero que nosotros lo hemos hecho, y no nos ha defraudado. Con el apoyo logístico del amigo Diego, y con mucha humildad, hemos mirado por encima del hombro a esta bella comarca del Maestrazgo… y a la contigua de Teruel también.

Ermita del Loreto, en Allepuz

Arrancamos en las eras de Allepuz
            La ruta es larga, pero variada. Comenzamos en Allepuz, una población quizá más conocida en este mundo senderista por estar asociada a ese “Camino de los Pilones”, un tramo del antiguo camino real entre Teruel y Levante, bien conservado entre esta localidad y la de Villarroya de los Pinares. Pero eso será para otro día. Hoy comenzamos junto al PR-TE 78, llamado también “Vuelta a Sollavientos”, un PR de reciente señalización que acompañaremos durante poco más de una hora abrazados a este río que le da la espalda al Ebro y que sin dejar de ser mediterráneo ha decidido rendir cuentas al Turia. Pero no se lo tenemos en cuenta. Nuestro camino arranca en torno a unas eras en la parte alta de la población, para bajar a la carretera no sin antes dejar abajo, a nuestra derecha, un par de curiosas formaciones rocosas, que llaman chimeneas, por la forma en la que han quedado debido a la erosión.

Las "chimeneas"

Área recreativa
            Salimos a la carretera, que recorremos menos de trescientos metros hasta la entrada a la derecha al camino. Vamos bajando hacia el río, y al poco nos encontramos con el desvío a la fuente los Berros, por la que no se pasa, pero que merece la pena entrar a verla. Son tan sólo diez minutos lo que se tarda. Hay que pasar por un área recreativa y el puente del río, junto al que se encuentra esta curiosa surgencia en el mismo suelo.

Fuente los Berros

Camino por el soto
            De nuevo al camino para ir acompañando a este río que nos aporta frescura, entre otras cosas. Un poco más adelante, en otro desvío, está la fuente de la Salud, a la que sólo le queda el nombre. Está seca, y el entorno no merece su visita. Seguimos por este sendero fluvial durante algún tiempo más. Llegados a un punto determinado hay que estar muy atento a las escasas indicaciones para dejar el soto y subir a unas fajas para continuar el camino, un caluroso camino alejado ya de la frescura del río. Se pasa junto al molino Tomagal. A continuación podemos deleitarnos con la vista a la otra vertiente en la que hay un extenso y espeso avellanar. Pero aún nos espera otra sorpresa, y es la de unas enormes moles de arenisca por entre las que tenemos que pasar. Impresionante.

El camino se estrecha entre las areniscas

Cañada
            En poco más de una hora llegamos a este extremo del PR-TE 78, que dejamos que vuelva a Allepuz, pero nosotros seguimos. Aquí nos espera Diego, para indicarnos la continuidad del camino, que cruzando la carretera toma una algo desdibujada cañada para subir a un pequeño collado, habiendo dejado a nuestra derecha el mas de la Vegatilla. En este collado comienza un tramo de unos 4 km que, debido a las más que calurosas horas, y el buen estado de la pista, nos recoge Diego para recorrerlos en vehículo. La pista discurre por una loma a dos aguas, la mayor parte por la linde municipal con Villarroya de los Pinares, con unas vistas excelentes sobre los puertos a uno y otro lado.

Veredas

Fuente Sancho
            Al salir a la carretera echamos de nuevo pie a tierra para seguir nuestro camino. Pasamos junto a tapiales entre las masías del Palomar a nuestra derecha, y del Gravieso a la izquierda, desde donde sale un sendero más directo para llegar al mas de la Hoya Vela pasando por la majada de la Cuerda, pero no sabemos en qué condiciones estará, además que siguiendo por la pista pasaremos por la fuente Sancho, que le da alegría y frescor al ambiente, en el que nos incluimos.

Majada de la Cuerda y mas de Hoya Vela

Aspecto de la loma cimera
            Pasada la majada Chorrador, el camino toma orientación sur, y al recobrar la norte se enfrenta a un tramo de brusco ascenso que hay que tomarse con paciencia. Al cabo del mismo, se llega a una amplia collada en la que encontramos, iniciado un proceso de ruina, ese mas de la Hoya Vela, donde nos dirigimos ya sin vacilación hacia nuestro objetivo de hoy. Un objetivo que hemos venido viendo durante gran parte del recorrido como un ancho tozal que pasaba inadvertido entre otros tantos que hay en esta sierra de Sollavientos, y que debido a lo agreste de esta vertiente nos obliga a darle la vuelta para subirlo por su domesticada loma. Es algo que hacemos al llegar a otra amplia collada, entre él y otro montículo a la derecha.

Próximos a la cima

Cuenca del Sollavientos
            Estamos recorriendo una vasta planicie, que se nos antoja azotada por los vientos, y en la que habitan el pino negro y la sabina rastrera fundamentalmente. No se ve camino para subir a lo más alto de este Villarroya. Cuando vemos que la pista que llevamos comienza a bajar, la dejamos, orientando nuestros pasos monte a través hacia lo que nos parece más alto, un punto sin la menor señalización, pero que lo es. A los humanos nos cuesta más esfuerzo que a los pájaros llegar hasta aquí para obtener la misma vista, pero merece la pena. Sierras largas, anchas, calladas, llenas de soledad y hastío, pero que cada primavera dan lo mejor de sí sin importarles para qué ni para quién. Un hondo y pavoroso silencio se adueña del momento, un momento sin tiempo, un lugar sin acomodo, unas viejas páginas de un ya empolvado libro olvidado en las estanterías de la frágil memoria.

Hacia el Morrón

            Este monte tiene una prolongación hacia el NW, que nos decidimos a visitar, llegando al Morrón, en el límite ya con Villarroya de los Pinares. Volvemos a ese punto en el que hemos dejado la pista, donde ya nos espera Diego, dando por concluida esta larga pero interesante ruta por las sierras calladas del Maestrazgo, que hemos querido hacer así para acompañar a ese Sollavientos y su frescura, combinando así el río con el monte, los mases con la dehesa, el cielo con la tierra.

El Villarroya desde el Morrón

            El camino, tan sólo de ida, nos ha supuesto 14,5 km, recorridos en un tiempo total de 3h 50’, del que 2h 40’ han sido en movimiento. De haberlo hecho andando en su totalidad, hubiéramos empleado como 45’ más. El desnivel acumulado que nos ha salido ha sido de 730 D+  y 330 D-.





Track: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=18232270

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