viernes, 28 de julio de 2017

Grand Billare Occidental y Oriental, le grand crête du coq Lescun

AQUERAS MONTAÑAS
Grand Billare Occidental (2318 m)
Grand Billare Oriental (2315 m)
Sábado, 22 de julio de 2017



            Las nieblas cubrían con un halo de misterio un tesoro preciado, un tesoro velado, un tesoro acariciado en el fondo de ese valle de Lescun. Y allí nos dirigíamos un buen puñado de amigos mayencos, a desvelar ese escenario con ayuda del astro rey, el ser más poderoso que existe debajo de la capa del cielo… al menos del explorado. Porque en él teníamos confianza al salir de ese túnel que horada el Summus Portus, y que cruzamos en dirección contraria a esos romanos que vinieron de las Galias. A ellas nos dirigimos, concretamente a ese valle que comparte confines con los antiguos reinos de Navarra y Aragón. Once mayencos, decimos, pero amigos por encima de todo, Julio, Javier, María, Carlos, Paco, Manuel, Otal, José, Gustavo, y el más veterano de todos, Carlos Peñarroya, partimos en busca de ese pequeño gran macizo de los Billares, que los caprichos geológicos le han sabido colocar en medio de este precioso circo de Lescun, para auparnos, si nos lo permite, a las dos cimas del Grand Billare. Vamos a lo más alto de esa cresta del gallo de Lescun. Vamos, pues.

Con los siete velos, así nos recibe la montaña

La magia continúa
            Llegamos a esta bonita localidad montañesa al filo de las ocho de la mañana, una mañana que se hace la remolona con la excusa de verse envuelta en esas nieblas de verano que traen consigo una jornada lluviosa que las precede, pero más persistente que ellas somos nosotros, y nos aventuramos a dirigirnos hacia nuestro objetivo, en la confianza de que nos sabremos sobreponer a ellas. La localidad tiene varias salidas hacia el valle, hacia el circo. Tomamos la dirección al Plateau Sanchèse, y como a 2,5 km se detiene la pista asfaltada para continuar de tierra. En ese punto dejamos los vehículos, para no profanar ese lugar mágico que da reposo al cuerpo y al espíritu bajo la cascada del barranco d’Anaye que también a sus pies se rinde.

Comienza la fiesta

A nuestro paso por el bosque
            Sí, es el único reposo que nos da el camino, desde que dejamos los rodantes hasta abandonar a la izquierda esa cascada tras haber cruzado la extraordinaria campa. Desde esta cota no vamos a tener ya respiro hasta poner bajo nuestros pies a este imponente macizo, que ya nos mira de reojo, que lo ha venido haciendo por entre las nieblas, y que ya lo han dejado definitivamente al descubierto. Le vamos a tener que dar la vuelta para cogerlo un poco desprevenido. Tomamos, pues, el evidente camino que va serpenteando entre la cascada y el Bidet. Un sendero, calzado en algún pequeño tramo, que nos introduce en el bosque de hayas, que se ha aliado con las lluvias de ayer y las nieblas de hoy para mostrarse contagiosamente disfrutón.

Pic d'Anie a la  izquierda, y la cresta rematada por el Countendé 

Progresando ladera arriba
            Como en media hora desde Sanchèse alcanzamos una valla para el ganado, y en diez minutos más una fuente, una providencial fuente, en la que repostamos para seguir nuestra ruta, que enseguida nos saca del bosque para ir mostrándonos en toda su amplitud ese valle d’Anaye, que todavía goza del uso tradicional de los montes, de ese ganado que lo pasta, y que ya anda encaramado por esas laderas próximas a las cabañas de los pastores. Todas estas bucólicas reflexiones nos van entreteniendo, pero la dura realidad nos arranca bruscamente de ellas, cuando llegamos al punto en el que se ha terminado la pendiente propia de subir valle arriba, porque ahora llega la de subir por la ladera. Si hasta ahora hemos subido para respirar… ahora toca respirar para subir.

Cuenca de Lhurs, rodeada de grandes montañas

            Sin más, tras el susto de tener que subir por un descomunal canchal, el sendero nos lleva a su vera, por unas lazadas herbosas que van suavizando el enorme desnivel, que no siempre lo consiguen. Como a hora y diez alcanzamos una plataforma, el único respiro en todo el recorrido, donde aprovechamos para echar trago y recomponernos, porque a partir de ahora aún se empina más. Veinte minutos más de subida y llegamos al collado, que a sus más de 2200 metros de altitud nos da ya vista sobre la bellísima cuenca de Lhurs, que conforma nuestro macizo de hoy, y montes como el Dec de Lhurs, el Pèneblanque o la Table de Trois Rois. Una cuenca provista de ibón y cabaña. También se asoma sobre el monte bajo domesticado con ese mosaico de verdes cultivos allá, en el fondo del valle.

Progresando por la cresta  (foto de Julio)

La brecha
            A partir de aquí la cosa se pone más seria. Tras un breve tramo de loma herbosa se vislumbra roquedo, un cresterío que hay que ir remontando para alcanzar las dos cimas del Grand Billare. Nuestro veteranísimo Carlos, que ha hecho un gran esfuerzo por llegar hasta aquí decide vernos disfrutar, y hacerlo él mismo del paisaje a dos aguas que nos brinda esta cota. Continuamos, pues, rumbo a nuestro objetivo por esta cresta, que vamos acariciando a uno y otro lado. En veinte minutos, el camino nos deja al pie de una pequeña brecha que nos obliga a volver a echar manos para superarla, pero la fiesta continúa. Otro tramo de cresta disfrutona y nos presentamos en esa primera cima, la Occidental, que pasamos de largo para llegarnos hasta la segunda, la Oriental, entre las que media un gran corte en la roca, que hay que bajar para luego subir y acercarse, ya sin mayores dificultades a esa segunda cima, dejando a nuestra derecha unos importantes foraos, con alguna mancha de nieve todavía.

Tránsito entre las dos cimas

Extraordinario entorno
            Mucho más importante y severo es el corte que hay hasta el Petit Billare, que ni vamos a pasar ni estaba en nuestros planes, de modo que damos por finalizado este duro ascenso, que lo ha sido porque la subida no da cuartelillo, pero henos aquí disfrutando del lugar y del momento con los amigos que han hecho posible esta magnífica jornada de montaña, que concluiremos con el consiguiente descenso por la misma ruta. Pero antes de que eso ocurra, lo que decimos, a disfrutar. Sí, a disfrutar de un extraordinario entorno, de un mundo mineral que se ha sabido abrir paso entre la depresión aquitana y la alta montaña pirenaica. Un mundo mineral, tirano, duro, calizo, que esconde en sus tripas toda el agua que recoge. Un mundo mineral que los despachos han repartido entre los antiguos reinos de Francia, Aragón y Navarra, aunque él no lo entienda. Un mundo mineral en el que se suceden enhiestos picos, enormes canchales, profundos valles, que el tiempo y los elementos han sabido modelar y alternar en este enorme y exigente escenario.

De vuelta, pasando a la cima Occidental

Seguimos cresteando en el descenso
            Alternancia en el espacio, sí, pero también en el tiempo. Tras vivir nuestro momento, llega el de volver, y de hacerlo con cuidado de nuevo hasta la otra cima, que con 2318 es algo más alta que ésta. Destrepe de brecha y enseguida al collado, donde ya todos juntos retomamos el descenso… aunque lo de todos juntos es por poco rato, porque hay quien se decide a romper la paz del canchal sacando como media hora de ventaja hasta el fondo del valle a los que desandamos justamente lo andado para subir.

El bosque nos aguarda

Cascada d'Anaye
            Reagrupados de nuevo, ya todos mu relajadicos y mu monos nos dejamos envolver de nuevo por el hayedo que todo lo calma, hasta llegar a ese Plateau Sanchèse, donde nos arrimamos a ver qué nos cuenta esa cascada, que ha salido de las tripas d’Anaye para recorrer las últimas decenas de metros haciendo las delicias del visitante. Y en poco más a los vehículos, tras haber recorrido 12,8 kilómetros, en 6h 50’ de tiempo total, del que 4h 35’ han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado cercano a los 1500 metros D+/-, concluyendo así una extraordinaria jornada mayenca, con el agradecimiento a todos los asistentes, como a los que por diversos motivos han manifestado su intención y no lo han podido hacer, pero especialmente a Julio, por descubrirnos otro de los magníficos rincones de nuestro maravilloso Pirineo. Gracias.





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